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el catalán fue decisivo al crear los dos goles que sirvieron a la real, que volvió a dejar su portería a cero como en sus anteriores triunfos en casa, para derrotar al almería
mikel recalde - Domingo, 30 de Enero de 2011 - Actualizado a las 05:38h
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Ansotegi celebra el gol con sus compañeros. (EFE)
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donostia. Cuando se contrata a un jugador de la talla de Raúl Tamudo, con el inmaculado currículo que ha acumulado a lo largo de su trayectoria, puedes tener la certeza de que tarde o temprano te va a hacer ganar puntos. El máximo goleador catalán de la historia se lo ha currado él solito, porque no es un superdotado para ser delantero. No es alto, ni muy rápido, aunque tenga un buen arranque quizá ahora venido ya a menos, ni atesora un chut demasiado temible, pero es, de largo, el más listo de todos los de su especie. Todo defensa que le marque tiene que ser consciente de que durante 90 minutos va a tener como compañero de viaje a un puñetero que va a aprovechar el más mínimo despiste que sufra o con cualquier señal de flaqueza que emita.
Tamudo llevaba trece jornadas sin ser titular en Liga y la verdad es que no estaba teniendo demasiada suerte en las oportunidades que tenía en las segundas partes, muchas de ellas en los minutos de la basura. No le importó nada, en su vuelta a la titularidad fue decisivo al crear los dos goles de la victoria frente el Almería. No ofrece las mismas cosas que Llorente, que probablemente sea el delantero ideal para un equipo como la Real, pero solo le han bastado 90 minutos para confirmar que seguimos en buenas manos. Tamudo te asegura unas cinco ocasiones por encuentro y si tiene el balón en el área, en condiciones normales, no como ayer bajo el diluvio, la mete.
Ayer volvió a completar una exhibición de picaresca, como en la jugada del primer tanto, en la que se dejó caer hacia segundo palo, como quien no quiere la cosa, lo que le permitió cazar un balón completamente desmarcado. Al contrario que el 99% del resto de los futbolistas, dentro del área al catalán en vez de subirle las pulsaciones, parece que se le bajan. Paró, miró y puso un centro perfecto, suave y tocado, una invitación al gol que aprovechó un Ansotegi que entró como un tren. En la segunda parte, con el terreno de juego impracticable, fue el primero en entender cómo había que jugar y apareció cada vez que un defensa del Almería la pifiaba. Además, sentenció el encuentro, con la ayuda de Carlos García, al estar donde tenía que estar, otra de sus cualidades innatas, para aprovechar un balón servido por Labaka.
La Real continúa con paso firme en Anoeta ante los equipos de clase media y baja, a los que ha derrotado a todos. Como en el resto de triunfos, se volvió a cumplir la máxima de que Bravo mantuvo su portería a cero, ya que todo adversario que ha visto puerta en Donostia se ha llevado los tres puntos. El partido hay que dividirlo claramente en dos partes. Una, la primera, en la que la Real tuvo que trabajar mucho para imponerse a los andaluces; y otra, la segunda, la que llegó tras la caída de un impresionante diluvio que dejó el terreno de juego impracticable.
El equipo realista no entró bien al duelo. Ayer se le notó mucho que es un conjunto partido en dos, ya que su doble pivote no genera nada de fútbol, por lo que las transiciones defensa-ataque se realizan muchas veces con balones largos. La cosa cambia cuando entran en acción cualquiera de los cuatro de arriba, que atesoran una calidad indudable y son capaces de marcar las diferencias. Ante el Almería, una vez más, la defensa volvió a dejar muchas dudas antes del descanso, sobre todo provocadas por su falta de contundencia. Es exagerado comprobar la cantidad de veces que rematan los centros en el área sus rivales y que les sorprenden en las jugadas de estrategia. Ante la falta de brillantez de Xabi Prieto y Griezmann, que estuvieron menos inspirados que en otras tardes, en esta ocasión la clave del triunfo estuvo en la pareja del centro. Zurutuza, al que masacran a faltas, protagonizó una labor de desgaste incansable, al no parar de protagonizar conducciones, pero sigue faltándole presencia y eficacia en el área, justo lo contrario que a Tamudo. El catalán fue el primero en crear peligro, en una jugada en la que protegió muy bien el cuero ante la presión de Marcelo Silva. En la primera media hora los andaluces, sin hacer nada del otro mundo, malgastaron sus opciones de adelantarse en remates de Crusat, Uche, Piatti, y sobre todo Ulloa, que estrelló el balón en la madera tras una cadena da fallos realistas, más propia del circo que de Anoeta.
otro arbitraje lamentable La verdad es que la Real tampoco necesitó producir demasiado para crear peligro en las proximidades de Diego Alves cuando por fin se hizo con el dominio del juego. Una vez más, el árbitro jugó un papel importante para retrasar el primer tanto realista, al obviar dos posibles penaltis en el área andaluza, uno por derribo de Piatti a Rivas y otro por una mano de Crusat. Ambas jugadas son discutibles, pero lo denunciable es la actitud con la que se presentan los trencillas en Anoeta y el poco respeto que muestran con la Real. Incluso se le pidió una tercera máxima pena en una caída de Tamudo, pero Clos no estaba por la labor de pitar. El problema es que cuando arbitre a la Real fuera y el de casa sufra jugadas similares no tengan dudas de que señalará el punto de penalti. Si a Lasarte se le ocurre sacar en la sala de prensa un papel con la lista de errores arbitrales que ha sufrido el equipo habrá que pedirle que nos avise para llevar la cena en un tupper. Cuando parecía irremediable el empate antes del descanso, Ansotegi marcó en el último minuto e incluso Elustondo casi dobla la cuenta segundos después al saque de una falta.
En la reanudación, con Anoeta convertido en una piscina, la Real supo aguantar con firmeza su ventaja. En este tipo de situaciones resulta gracioso identificar quiénes son los que se adaptan rápido a las dificultades. El más espabilado fue Tamudo, pero también anduvieron listos Zurutuza, Labaka y De la Bella. En un estado de alarma constante, por la incertidumbre que genera no saber lo que va a hacer el balón al tocar el césped, el Almería amagó bastante, pero sin llegar a rematar nunca. Los dos centrales realistas, más inspirados bajo la lluvia, se multiplicaron para despejar sus continuos centros al área o envíos largos. Estuvo bien que Tamudo anotara el segundo, porque era evidente que Clos tenía ganas de convertirse en el principal protagonista y seguro que había reservado una jugada maestra para el final, porque estos tipos son así. Por el camino le perdonó la segunda tarjeta a Bernardello por un impresentable planchazo a De la Bella. Cabe destacar el ilusionante debut de Demidov que, pese a los nervios, se mostró contundente en todas sus acciones, atributo que le falta habitualmente a la zaga realista
A falta de completar la jornada, la Real escala hasta el noveno puesto y se coloca a cuatro puntos de Europa. Mientras siga ganando en Anoeta no le hará falta vigilar la frontera del descenso, que se encuentra a diez puntos. Este equipo está demostrando que su fútbol y el potencial de sus jugadores ofensivos se ajustan más a luchar por cotas ilusionantes que a una simple permanencia.
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