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por Carlos Etxeberri - Domingo, 3 de Octubre de 2010 - Actualizado a las 04:32h
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El viaje que un centenar de empresarios vascos han realizado durante esta semana a China en una misión comercial encabezada por el lehendakari, Patxi López, ha puesto de relieve una circunstancia de primer orden como es que, a mayor internacionalización y mayor presencia de nuestras compañías en el extranjero, mayor garantía de que la actividad económica siga en Euskadi y más posibilidades para generar puestos de trabajo.
Esta ecuación se entiende cuando un empresario que tiene una planta en un país de Europa del Este que ya está trabajando a tres turnos, reconoce que gracias a contar con esa fábrica le llegan pedidos más exigentes que, como en esa implantación la cualificación no es tan alta, no se pueden realizar allí, con lo que se remiten a la matriz guipuzcoana, lo que está provocando que la compañía esté ganando en actividad y en posicionamiento en el mercado.
En un mundo globalizado, los mercados interiores se han quedado atrás y ya no sirven -dada la incertidumbre en la que se desarrolla esta crisis- para asegurar la actividad de una empresa en su ubicación primitiva, sobre todo en una situación donde se detecta que la economía española -históricamente nuestro principal mercado- registra una alarmante falta de reacción y de crecimiento.
Por eso, desde el primer momento en que los empresarios vascos vieron la contracción de uno de sus principales mercados y el balbuceo en el que se encuentran las economías europeas, que todavía no terminan de asegurar su crecimiento, decidieron apostar aún más fuertemente por la internacionalización. Con ella buscan una salida para aumentar la actividad y mantener la compañía a través no sólo del establecimiento de relaciones comerciales sino también por medio de la implantación de instalaciones productivas, sobre todo en aquellos países que en este momento están registrando los mayores niveles de crecimiento del mundo como son China, Brasil e India.
La velocidad en la toma de decisiones que están tomando los empresarios vascos a la hora de encarar la internacionalización puede ser similar al crecimiento que están experimentando las economías emergentes en una carrera hacia adelante sin que parezca que alguien pueda pararlas. En una semana hemos conocido la próxima implantación de dos fábricas de empresas vascas en China como son las del Grupo Ormazabal y el Grupo Alfa, a las que hay que sumar otras dos de la Corporación Mondragón para finales de año y las tres cooperativas que van a inaugurar un parque empresarial del grupo en la ciudad india de Pune.
El problema que tienen estas economías emergentes es saber dónde se sitúa el limite de estos crecimientos tan feroces que dejan al descubierto sus grandes contradicciones como, por ejemplo, en el caso de China, donde se combina un régimen comunista con el desarrollismo capitalista más galopante.
A día de hoy, nadie sabe dónde va a terminar esta carrera del desarrollo por el desarrollo que ha iniciado China, si antes no arreglan alguno de sus grandes problemas estructurales, como es el envejecimiento de la población fruto de una política aplicada desde hace 30 años y que prohíbe tener más de un hijo por familia, con lo que se está produciendo un ensanchamiento de la pirámide por la parte de más edad, con el agravante de que en un país donde no existe la Seguridad Social, los hijos deben cuidar de los padres.
Si a esta situación se le añade una inversión intensiva de capital, una importante burbuja inmobiliaria, poca inversión en innovación, un aumento de la productividad que no está provocando un incremento del desempleo, etc, la consecuencia es que el Gobierno chino tendrá que pensar en llevar a cabo cuanto antes reformas estructurales y readecuar su política económica con el fin de evitar situaciones de retroceso de su crecimiento, como ocurrió en el pasado. El problema está en saber que si con estos problemas, que son casi miméticos a los que se registran en otras economías occidentales, están creciendo a un 10% anual, ¿qué será cuando desaparezcan alguno de ellos? Ésa es la duda que tienen los economistas a la hora de analizar el caso chino.
Gracias por su comentario
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