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La delegada en Gipuzkoa de la Unión de Técnicos en Emergencias Sanitarias de Euskadi, Osalatek, relata el día a día de una profesión que esta semana ha saltado a la opinión pública, tras la denuncia presentada por los acosos e insultos que sufren en el sector.
Jorge Napal
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Personal del servicio de emergencias sanitarias atiende a una mujer que fue atropellada mientras cruzaba un paso de cebra. (Foto: david moreno)
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lA velada finaliza conforme al guión previsto. En las postrimerías de agosto, Eibar se convierte en un municipio fantasma donde el volumen de atenciones sanitarias cae sensiblemente. "La noche ha sido relativamente tranquila". Los técnicos en emergencias sanitarias del turno de noche descienden del vehículo con la satisfacción del deber cumplido. En una noche llegan a saltar del orden de cuatro a cinco alertas. Hoy tan sólo han respondido a dos llamadas del centro de coordinación: las convulsiones de un lactante y las dificultades respiratorias de una persona de avanzada edad. Dos alertas del total de 114.000 emergencias que atienden al año los 1.500 técnicos que operan en Euskadi.
Son profesionales que desempeñan una labor tan necesaria como silenciosa, una actividad que esta semana ha abandonado su habitual discreción tras las denuncias presentadas por los insultos y vejaciones que soportan en el sector.
NOTICIAS DE GIPUZKOA ha querido conocer de cerca la realidad que les rodea. Atiende al requerimiento Itziar Mozo, que desde hace una década trabaja como profesional en el área de Eibar, donde acaba de dejar el vehículo con el que ha atendido al lactante y al anciano aquejado de una infección respiratoria. "Es una profesión en la que con los años de experiencia aprendemos a llevar una coraza para que no te afecten las cosas. Pero para qué engañarse, al final corazón tenemos todos", reconoce Mozo, delegada en Gipuzkoa de Osalatek, la Unión de Técnicos en Emergencias Sanitarias.
vejaciones
El vídeo del escarnio
Las vejaciones que sufrieron dos compañeras suyas el 5 de febrero, cuando una técnico en emergencias sanitarias y una enfermera auxiliaban en Vitoria a un menor, están estos días en boca de todos. Para mayor afrenta, la cuadrilla del menor socorrido colgó en Youtube el vídeo del escarnio, con vergonzoso telón de fondo preñado de insultos, vítores y aplausos de los chavales mientras ambas mujeres trataban de desempañar su cometido.
A Dios gracias, el lamentable episodio no es un reflejo del día a día, aunque lleguen a vivir "muchas situaciones" de desamparo. "Hay casos de agresiones verbales, situaciones en las que acudimos a la llamada de un particular y nos recibe un paciente psiquiátrico con un cuchillo en la mano con el que está amenazando a su familia. Somos los primeros en llegar, y ahí estamos. Se viven momentos complicados en los que precisamos de una patrulla policial". Ésa es precisamente la petición formulada por Osalatek esta semana al Departamento vasco de Interior.
Desde la Unión de Técnicos en Emergencias Sanitarias consideran que toda intervención en la vía pública debería estar cubierta de inicio con la presencia policial ya que su trabajo es "realizar la atención sanitaria y no defendernos de posibles agresiones externas, insultos y riesgos derivados del tráfico de vehículos o lanzamiento de objetos en recintos festivos", según denuncian.
Tras escuchar la demanda, el consejero vasco de Interior, Rodolfo Ares, dice que estudiará la situación, aunque a decir verdad nadie confía demasiado en que vayan a cambiar las cosas habida cuenta de la menguada plantilla de agentes a la que no dejan de abrirse frentes.
Confiesan los profesionales lo desconcertante que, en ocasiones, puede llegar a ser el desempeño de una labor tan versátil, en la que prestan atención sanitaria a un grupo de pacientes de lo más dispar, desde niños con patologías, personas mayores o de mediana edad con enfermedades terminales. "Hay personas que fallecen de un infarto fulminante. La familia en esos momentos no quiere ni creer que su ser querido ha fallecido… son situaciones duras", relata la profesional.
En ocasiones, los sanitarios, llegan a vivir tales momentos de tensión y estrés que cuando atienden a las llamadas se llegan a ver envueltos en situaciones paradójicas, en las que los profesionales acuden al lugar de los hechos y el escenario y las circunstancias que les rodean no se corresponden con la información facilitada. "Hay gente que nos llama presa de los nervios, particulares que alertan de alguna situación y que por el estrés que están viviendo ofrecen al centro de coordinación una información errónea muy a su pesar", describe Mozo.
A pesar de que la falta de respeto que condiciona la labor diaria de estos profesionales más de lo que ellos quisieran, desde Osalatek prefieren quedarse con una fotografía bien distinta. "Aquella de las personas a las que hemos atendido y que, cuando les dejamos en el hospital, nos dicen gracias. Al margen de otras cuestiones, eso es con lo que nos tenemos que quedar, porque es lo bonito de la profesión", sostiene la delegada de Osalatek en Gipuzkoa.
Gracias por su comentario
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