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La prórroga de las ayudas de 426 euros, pese a su limitada efectividad a aquellos parados que agoten el subsidio, está reñida con la lucha contra la temporalidad y no contribuye a disminuir el principal déficit estructural de la economía
Domingo, 22 de Agosto de 2010 - Actualizado a las 04:29h
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L A aprobación por el Consejo de Ministros de la prórroga de la ayuda complementaria de 426 euros a los parados que hayan agotado su prestación por desempleo reabre la disyuntiva sobre el modo de como afrontar el mayor problema económico y social que soporta el Estado, el de un desempleo del que se anuncia un nuevo repunte en la última parte del año, tras conocerse que únicamente uno de cada tres parados que han recibido esta prestación adicional en los últimos once meses ha encontrado trabajo. Aunque se pueda entender que la prórroga de la ayuda ha conseguido colocar en el mercado laboral a un tercio de los desempleados en esa situación, 189.000 concretamente, no es menos cierto que la cifra es una parte ínfima de los más de cuatro millones y medio de trabajadores en paro y se apoya en buena medida en el aspecto coyuntural, es decir, en el incremento de trabajos temporales durante el verano. El coste de dicha prórroga -420 millones de euros en los próximos seis meses para 219.242 parados- no hace sino confirmarlo cuando el propio Gobierno publicitaba como un éxito esta misma semana la consecución de 500 millones de euros para inversión en obra pública que los sindicatos y la patronal de la construcción Seopan consideraron insuficientes pese a que permitirán conservar más de 15.000 puestos de trabajo en dos años. No es el aumento de las prestaciones por desempleo para paliar momentáneamente el coste social, y también electoral, el camino para solventar el principal déficit estructural de la economía española, como han venido apuntando repetidamente la Unión Europea y los principales analistas internacionales; el problema es que se mantiene el desempleo existente a pesar de incorporar medidas que no se contemplaban en el inicial proyecto de reforma laboral y que no se ha dado el impulso a la creación de empleo mediante la inversión pública y la promoción de actividad, fomentando la adecuación, modernización y competitividad de los principales sectores productivos y la creación y desarrollo de nuevos campos de negocio mediante la inversión en conocimiento, en I+D+i en definitiva. No hacerlo únicamente servirá para retrasar, y por tanto dificultar, tanto la resolución de la enorme lacra del paro como el inicio de la salida de la crisis.
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