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La estrambótica reaparición de Aznar, ante una crisis diplomática con Rabat a la que el Gobierno de Zapatero ha respondido con desconcierto, sólo puede causar hilaridad y acrecentar el desapego de la sociedad con la clase política
Jueves, 19 de Agosto de 2010 - Actualizado a las 04:27h
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LA estrambótica reaparición en primera línea política del ex presidente del Gobierno español y ex líder del PP, José María Aznar, en la frontera de Melilla, en plena crisis diplomática con el régimen de Rabat, muestra el alcance real de la mala salud de que goza la política en el Estado español. El regreso del héroe de Perejil -en referencia a aquel penoso episodio revestido de propaganda de reconquista alrededor de un diminuto islote habitado por cabras frente a las costas de Marruecos-, sólo puede causar hilaridad en la opinión pública y, en todo caso, acrecentar la sensación de desapego y desconfianza hacia la clase política. Por supuesto, Aznar vuelve a dejar en entredicho el liderazgo de un Rajoy que había optado por dejar en González Pons el papel de azote del Gobierno de Zapatero por su inacción e imagen de desconcierto ante una crisis de la que la sociedad aún desconoce las causas y el alcance real de la misma, más allá de la aparición de unos estrafalarios carteles de carácter machista y la presencia de unos tipos de aspecto patibulario al frente de una asociación fantasma. Es cierto que las relaciones diplomáticas con Marruecos han estado permanentemente marcadas por el chantaje del régimen alauita, mediatizadas antidemocráticamente por esa relación especial que mantienen Juan Carlos de Borbón y Mohamed VI, por las necesidades geoestratégicas de Occidente ante la expansión de los movimientos islamistas fanáticos en el norte de África, y con los vecinos de Ceuta y Melilla -la soberanía de cuyo territorio está en cuestión-, el pueblo saharaui y los inmigrantes subsaharianos en manos de las mafias marroquíes como principales víctimas. Por supuesto, ni la imagen de Aznar ni menos su discurso político -extremista, demagógico y populista en el ámbito de las relaciones culturales y religiosas con la confrontación permanente como único argumento- pueden aportar nada a la situación actual que no sea crispación y desasosiego. Aznar es uno de los responsables del crimen contra la humanidad perpetrado con la guerra ilegal, injusta e inmoral de Irak que se ha cobrado decenas de miles de víctimas civiles inocentes y que se basó en el mismo tipo de mentiras con las que el PP intentó obtener réditos electorales tras la masacre del 11-M en Madrid, y su lugar en un Estado democrático y garantista será, antes o después, los tribunales internacionales de justicia.
Gracias por su comentario
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