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La catástrofe causada por las inundaciones en Pakistán es de unas dimensiones que nadie se aventura a predecir, si bien algunas voces ya se alzan para advertir de situaciones apocalípticas
Martes, 17 de Agosto de 2010 - Actualizado a las 04:27h
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parece ser que una vez que los montañeros ya están sanos y salvos en casa y se localizan a los numerosos occidentales que se encontraban por la zona, las inundaciones que han asolado Pakistán ya pasan a un segundo plano en la agenda de los medios de comunicación, como si se tratará de una catástrofe más de las que cíclicamente asuelan a los países más desfavorecidos del planeta. Pero lo que está ocurriendo en Pakistán, y lo que irremediablemente parece que va a suceder en las próximas semanas, adquiere unas dimensiones de tal envergadura que los organismos internacionales van a tener que correr contrarreloj si, al menos, quieren salvar algo la cara ante lo que se avecina. El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, declaraba sobre el terreno que jamás en su vida había visto algo semejante. Las manifestaciones de los que se encuentran en el país asiático van en la misma dirección. Pakistán ha podido en sólo unas semanas retroceder décadas en su progreso, en un país, además, en el que el progreso va a un ritmo bastante inferior al de la media mundial. Los datos son escalofriantes. A los 1.600 muertos contabilizados en las inundaciones propiamente dichas hay que sumar 160.000 kilómetros cuadrados totalmente sumergidos por las aguas, 83 veces la superficie de Gipuzkoa, con lo que ello conlleva de destrucción total. 20 millones de personas deambulan sin rumbo fijo en busca de alguno de los campamentos que están improvisando los organismos internacionales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha advertido que se enfrenta a un reto sin precedentes en donde prevé tratar hasta millón y medio de casos de diarrea -que ya se está convirtiendo en la primera causa de mortalidad de alguna zona-, 140.000 casos de cólera, dos millones de personas enfermas de malaria o 350.000 casos de infecciones respiratorias agudas. Un panorama que dibuja claramente el escenario sobre una población que comienza a sufrir el hambre y en algunas poblaciones el Ejército ya se ha visto en la tesitura de tener que disparar a sus conciudadanos para evitar los saqueos. Pero todo esto no parece ser razón suficiente para que, a pesar de ser agosto, los medios de comunicación consideren que se trata de una emergencia mundial que requiere una inmediata respuesta global.
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