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Con el paso del tiempo, los porteros han ido perdiendo presencia. Lo que antaño era casi una costumbre, ha quedado de lado con la puesta en marcha de porteros automáticos y las empresas de limpieza, que han suplantado las tareas que un día completó este gremio.
A. Santisteban
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Simpática imagen de Sebas López en la entrada del portal de la avenida Zumalakarregi en el que trabaja desde hace 28 años. (Foto: iker azurmendi)
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LAS costumbres cambian y con ellas, también las profesiones. Los porteros, antaño presentes en muchos de los portales de Donostia, han ido desapareciendo poco a poco, y las garitas que antes decoraban los vestíbulos de muchas comunidades de vecinos, se han ido quedando vacías.
La puesta en marcha de porteros automáticos, así como de empresas de limpieza que contratan los vecinos para que sus portales luzcan su mejor cara, son algunas de las razones a las que se atribuye la pérdida de fuerza de este gremio.
De todas formas, todavía hay quien sigue arraigado a este estilo de vida, y que dedica muchas de las horas de su día al mantenimiento, seguridad, cuidado y vigilancia de los bloques en los que trabajan, y en los que algunos de ellos también residen.
Pero, más allá de simples guardianes, también se encargan de cuidar y cultivar las relaciones con los vecinos. Aunque, siempre, manteniéndose "al margen", indica Sebas López. "El portero tiene que ser portero, y no portera", explica entre risas este donostiarra de 53 años, que lleva 28 años apostado en el portal de número 9 de la avenida de Zumalakarregi, en el barrio de El Antiguo.
Y es que desde su garita suelen ser testigos de muchas de las cosas que acontecen en los bloques. "Bromas aparte, en este trabajo tiene que primar la discreción, el saber estar y mantenerse al margen; ésta es la clave para poder llevar a cabo esta profesión y tener una buena relación con los vecinos, porque es un trabajo familiar en el que tienes que convivir con todos tus jefes", indica.
Antes de ocupar su puesto de trabajo, sustituyó en dos ocasiones al portero que lo precedió. "Cuando aquel se jubiló, los vecinos me ofrecieron el puesto", recuerda López. "Por aquel entonces no tenía un trabajo fijo -me dedicaba a la hostelería-, por lo que no dudé en aceptarlo. Estuve a prueba y, finalmente, me cogieron", añade.
jornadas laborales
40 horas semanales estipuladas
Las condiciones laborales de los porteros, además, "han mejorado mucho" con el paso de los años. "Antes, recuerdo que se solía trabajar de sol a sol. Cuando empecé hace casi treinta años se trabajaban diez horas al día y seis los sábados", rememora.
A pesar de no tener convenio por ser muy pocos los que se dedican a esta labor, las jornadas laborales se establecen en "40 horas semanales", que cada cual se reparte "como la vecindad prefiere", explica López.
Al principio, además, el portero del número 9 de la avenida Zumalakarregi, después de las jornadas laborales, solía retirarse a su domicilio. Ahora, sin embargo, reside en la vivienda de la portería en el mismo bloque.
"Existen tres tipos de portero: el de plena dedicación, que vive y trabaja en el mismo edificio; el que reside en un lugar diferente al edificio en el que trabaja y, finalmente, el conserje, que se encarga sobre todo de las tareas de vigilancia", explica el donostiarra.
En la actualidad, la amplia mayoría de porteros supera los 40 años y son varones
Trabajan 40 horas a la semana, que los porteros distribuyen en base a las preferencias de los vecinos
Sebas López afirma que suele "hacer de todo", desde limpieza y mantenimiento hasta tareas de vigilancia. "Yo, por ejemplo, a todo aquel que no me resulta conocido le suelo preguntar a dónde va, o a quién va a visitar cuando entra en el portal", explica.
De todas formas, para López las tareas suelen ir más allá de lo logístico. "Intentas ayudar a los vecinos estando con los chavales cuando por algún motivo sus padres, por ejemplo, se retrasan o ayudando a los ancianos en caso de que les surja una necesidad puntual", añade.
También esa es una de las claves a la hora de trabajar para Leonardo Reig, de 47 años. Cuando recibió a este periódico, todavía sostenía en sus manos las llaves que acababa de recuperar para una de las vecinas del número 4 de la calle Ramón María Lilí en Gros. "Se le han caído y las he recuperado, porque no podía alcanzarlas", explica. "La ayuda a los vecinos es otro de los aspectos implícitos de este trabajo. Cada día suelo echar una mano a quienes necesitan subir la compra, recoger el correo...", explica.
Reig llegó a Donostia a comienzos de este año y lleva tres meses trabajando en esta portería de Gros. La construcción era la actividad que desarrollaba en su Alcoy natal, en la provincia de Alicante. "De todas formas, cuando estalló la crisis el trabajo disminuyó muchísimo, y me despidieron".
Después de dos duros años, decidió probar suerte en la capital guipuzcoana. "Vine también porque mi mujer trabaja aquí, en el sector de la hostelería. El trasladarme a Donostia, por lo tanto, suponía que podría estar más con mis hijos", rememora.
Se trata de la primera experiencia de Reig como portero y está resultando "muy positiva. Trabajo siete horas diarias, y también los sábados: en total, 40 horas semanales. Entre las 9.30 y las 11.30 horas me pongo el buzo y suelo dedicarme a labores de limpieza, mantenimiento... A partir de las 11.30, hasta las 13.30 horas y por la tarde suelo centrarme más en la vigilancia y en ayudar a los vecinos que lo precisan", asegura.
Siempre con una sonrisa en la cara, asegura que no se puede quejar de su trabajo. "En tiempos de crisis poder recibir un jornal y disponer además de una casa es de agradecer mucho", manifiesta.
el portero
"Seguridad para los vecinos"
Alfredo Navascués, de 54 años, lleva 20 años velando por la seguridad y la comodidad de los vecinos del bloque de pisos de la avenida Satrustegi 1, en el barrio de El Antiguo. "¡Media vida!" exclama, cuando retrocede en el tiempo y recuerda sus inicios.
Al igual López y Reig, estaba en el paro cuando le surgió la oportunidad para trabajar en la portería de este bloque y trasladarse a vivir allí, al piso reservado para el portero. "Antes de empezar aquí me dedicaba a la hostelería. Sin embargo, traspasaron el negocio y me quedé sin trabajo. Estuve mirando a ver qué surgía y di con esta tarea, porque el portero que me precedió se iba a jubilar y los vecinos estaban buscando a alguien que lo sustituyera", explica. Desde su punto de vista además, los porteros son sinónimo de "seguridad" y "tranquilidad". "Para los vecinos, un portero significa y reporta tranquilidad", afirma.
Por el contrario, pocos son los vecinos que residen en el portal número 28 de la avenida de la Libertad donostiarra. Sin embargo, ellos también disponen de los servicios de Jorge Landa. Este donostiarra de 54 años recaló en este portal hace tres años, a quien eligieron como sustituto de su predecesor. Trabaja ocho horas al día de lunes a viernes y la limpieza y el mantenimiento son las tareas que realiza para la comunidad, aunque no reside allí. "La casa de la portería del bloque la utilizo para cambiarme", dice.
Una de las cosas que más le llama la atención de su profesión es que hoy en día es difícil encontrar porteros que no superen los 40 años.
"Es curioso cómo la amplia mayoría de las personas que nos dedicamos a esta profesión en la actualidad superamos los 40 años y, además, somos varones", subraya.
Gracias por su comentario
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