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La crisis actual, y sus consiguientes ajustes del gasto público, pueden acarrear un freno en los avances en la igualdad entre mujeres y hombres si se empiezan a cuestionar los servicios sociales que lo hacen posible
Jueves, 1 de Julio de 2010 - Actualizado a las 07:39h.
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uno de los daños colaterales de un posible progresivo desmantelamiento del Estado del Bienestar tiene que ver con los indicadores de género, con la posibilidad de que se dé un peligroso retroceso en las cotas de igualdad de oportunidades y en la presencia de las mujeres en los ámbitos laborales. La ecuación es bien sencilla: en la medida en la que la red de servicios públicos rebaja sus prestaciones, las mujeres -sobre las que aún pesa el rol de ser las responsables del cuidado de las personas del entorno- pueden ser llamadas a volver a desempeñar esas tareas y cubrir así esas necesidades que son vitales para el funcionamiento de la sociedad. La preocupación era creciente ya que los Estados occidentales, especialmente en Europa, vienen reclamando un replanteamiento total de las prestaciones y servicios a través de los ajustes del gasto público. Y poco a poco se empieza a plasmar en foros de reflexión y jornadas, como las que esta semana se han desarrollado en Gipuzkoa, donde la experta Begoña San José advertía de que no se puede poner la crisis como pretexto para frenar el avance de la igualdad. Y es que únicamente el Estado del Bienestar -y de su tímida implantación apenas han pasado algunas décadas en Euskadi- se ha erigido en verdadero pilar para garantizar este objetivo y su cuestionamiento supondría un serio revés para el trabajo que se ha desarrollado hasta el momento. La autonomía económica de las mujeres estaría en cuestión y eso modificaría sustancialmente los pilares de las sociedades de nuestro entorno que están sustentando sus niveles de desarrollo y de consumo precisamente en la incorporación de ellas al mercado laboral. De producirse una involución en este sentido, la mitad de la población engrosaría aún más el capítulo del trabajo doméstico no remunerado que, según las cifras del Instituto Vasco de Estadística, alcanzan el 28% del PIB vasco, es decir, 19.642 millones de euros por cuidar, lavar, planchar, cocinar y limpiar a tiempo completo para los demás, sin remuneración a cambio. Que esas tareas sean compartidas por igual por personas que mantiene sus expectativas laborales y profesionales es aún un objetivo lejano pero en el que cada día se aprecian pasos positivos. Eso, a la espera de que la crisis no suponga un obstáculo más en su consecución.

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