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La huelga general de la mayoría sindical vasca tuvo un efecto muy desigual y reabre el debate sobre la necesidad de que los sindicatos recuperen la capacidad de incidir sobre las políticas que atacan al Estado del Bienestar
Miércoles, 30 de Junio de 2010 - Actualizado a las 07:46h
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LOS sindicatos que convocaron la jornada de huelga general en la CAV y Navarra concluyeron su valoración de la movilización social lograda con la calificación de "éxito". Tal afirmación puede parecer más voluntarista que objetiva en función del resultado real en la actividad laboral y social cotidiana. En Gipuzkoa, el seguimiento fue desigual, tanto que el efecto fue mínimo en algunos sectores, localidades y barrios. Hubo una mayor incidencia en el ámbito industrial pero el tamaño de las empresas condicionó la respuesta a la huelga, ya que ésta fue sensiblemente menor en las pequeñas y medianas empresas. En el ámbito de los servicios fue muy reseñable la normalidad con la que funcionaron los servicios mínimos en el transporte, un elemento clave para la percepción general de los efectos de una convocatoria así. En cualquier caso, aún siendo la mayoría sindical vasca, con la incorporación final de CCOO, los convocantes, no hay duda de que la división sindical resta capacidad de presión, además de que genera desconfianza en la sociedad y, sobre todo, en la clase trabajadora que duda, no sin razón, de que la movilización -que tiene además un coste salarial- tenga capacidad real de modificar las decisiones adoptadas por los gobiernos central, autonómicos y europeo. Sin olvidar los altos costes humanos, familiares y sociales de una crisis que ha dejado en evidencia tanto la validez real del llamado diálogo social como la ineficacia de la confrontación pura y dura. Y ha minorizado la credibilidad sindical, sobre todo entre los más de 4,5 millones de parados, víctimas de un mercado laboral ineficiente y socialmente injusto. No obstante, ELA, LAB, ESK, STEE-Eilas, Hiru y EHNE, a los que se sumó también CCOO, sí lograron involucrar en sus manifestaciones y discursos a miles de ciudadanos y trabajadores y trasladar la necesidad de la protesta civil y la defensa democrática ante la política de recortes sociales al Estado del Bienestar y de reformas restrictivas de los derechos laborales que se extiende por Europa. Aún así, si los sindicatos quieren realmente frenar la estrategia del neoliberalismo, deberían recuperar no sólo la unidad de acción sino un discurso y una actuación que les hagan creíbles ante los ciudadanos como instrumentos con capacidad de incidir en la reforma del actual modelo socioeconómico europeo y de influir en el uso político y económico del autogobierno.
Gracias por su comentario
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