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Por Carlos Etxeberri - Domingo, 6 de Junio de 2010 - Actualizado a las 09:04h.
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Carlos Etxeberri
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LOS frenéticos movimientos que se están produciendo en las cajas del Estado para rescatar aquellas que están en peor situación financiera y poder acogerse al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) para obtener unos recursos y sanear de esta forma la cuenta de resultados en una carrera que termina el próximo día 30, está provocando actuaciones tan sorpresivas como la del lehendakari, Patxi López, que desde la tribuna del Parlamento Vasco, se ha mostrado favorable a la fusión de las tres cajas vascas en un plazo de tres años, es decir, antes de que se agote la actual legislatura.
Esta apremiante necesidad de integrar las tres cajas vascas, la justifica Patxi López desde la exigencia de adquirir una mayor dimensión y tamaño para que sean más competitivas en un mercado cada vez más complejo. Es el mismo argumento que trataron de impulsar sus respectivos presidentes en el verano de 2005 y que no salió adelante, precisamente, por la oposición de su partido, del que sigue siendo secretario general , debido a los costes electorales que le pudiera acarrear en Álava a favor del PP.
El mismo argumento que utiliza Patxi López es el que, ante la negativa de los socialistas a una fusión a tres, aplicaron los presidentes de BBK y Kutxa, Xabier de Irala, y Xabier Iturbe, respectivamente, para poner en marcha en noviembre de 2008 un proceso de integración de las dos cajas. La fusión de BBK y Kutxa no fracasó porque no había elementos más que suficientes para ello, incluso, si me apuran existía hasta una urgente necesidad porque ya para entonces se conocían los efectos de las subprime en Estados Unidos y la quiebra del banco Lehman Brothers, sino por el rechazo de los socialistas a una operación que se consideraba política.
Cuando Patxi López requirió el viernes en el Parlamento Vasco la necesidad de la fusión de las tres cajas vascas, debería de haber hecho, a renglón seguido, una autocrítica solemne sobre la mala gestión que como responsable del segundo partido de la CAV hizo en todas las oportunidades que se le han puesto encima de la mesa para poner en marcha la integración, en una iniciativa, en aquel tiempo, pionera y que se adelantaba a todo lo que estamos viendo ahora en el sistema financiero estatal.
Aquel que permitió que el responsable de Transportes de su gobierno y secretario general del PSE en Gipuzkoa editara un folleto para buzonear por los domicilios guipuzcoanos en una campaña contra la fusión con el falaz y sesudo argumento de que el pez grande (BBK) se comía al chico (Kutxa) o el que consintió que consejeros de su partido en la asamblea de la caja guipuzcoana brindaran con cava por conseguir que la fusión no triunfara, es el mismo que, año y medio después, nos viene a recordar las bondades de la integración de las cajas cuando ya es demasiado tarde.
A ese mismo dirigente político, que hoy está al frente de la principal institución de este país, también se le olvidó decir en su intervención ante sus señorías que, probablemente, en el fracaso de la alianza entre BBK y Caja Mediterráneo (CAM), que luego derivó a favor de CajAstur, curiosamente controlada por los socialistas, tuvo algo que ver un consejero de su gobierno que creyó ver en la operación nuevamente la mano del PNV, sin saber que la caja vizcaina está en todos los movimientos que se llevan a cabo en el sistema financiero porque, gracias a su solvencia y liquidez, todas las entidades, incluido el Banco de España, cuentan con ella.
A López también se le olvidó explicar por qué desde el Gobierno Vasco salieron en tromba a apoyar la propuesta del presidente de Caja Vital, Gregorio Rojo -los socialistas hablan de la "nuestra" cuando se refieren a esta entidad-, de llevar a cabo una "fusión fría", lo que técnicamente se llama Sistema Institucional de Protección (SIP), con BBK y Kutxa, cuando no hay motivos para ello, ya que ese modelo se está aplicando para integrar cajas sanas con otras con pérdidas y de distintas comunidades autónomas.
Esa obsesión, casi enfermiza que le ha entrado ahora a Rojo por ir a la fusión a cualquier precio, sin siquiera contar con la opinión de los otros dos presidentes, parece que tiene que ver más con la búsqueda de una salida personal al frente de cualquier entidad financiera sea del tipo que sea, ante la posibilidad de que los jueces no acepten el recurso presentado y tenga que abandonar la presidencia de Caja Vital por haber agotado el plazo de permanencia en el cargo. Y si a Rojo le obligan abandonar la presidencia, Caja Vital dejará de ser la "nuestra" para ser de los demás. Y esto es lo que el PSE no quiere.

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