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En el Camino se aprende a relativizar. las historias de los peregrinos son el mejor ejemplo
por Ander Egiluz - Sábado, 5 de Junio de 2010 - Actualizado a las 10:40h
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Jinnet y Josse, una canadiense y un francés, saludan entre la pila de piedras que guía el camino a su paso por Ventosa. (Ander Egiluz)
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DESDE el Faro del Ebro, el peregrino surca las tierras del vino. A medida que el Camino se adentra más y más en el interior, el verde de los campos se torna amarillento. El sol no cede, manso, como lo hacía en Nafarroa, ante la presencia de pequeñas nubes. En La Rioja el cielo es azul, cristalino. Y, como también hace el cristal, intensifica la acción de esa bola de fuego que marchita pero que también crea oro. Oro rojo.
La salida de Logroño se convierte en un expositor de viñedos; pequeños oasis a los lados del Camino. La tierra es grisácea, el polvo se levanta con el mínimo suspiro pero, a ambos lados de la pista, las viñas se muestran frescas. Verdes todavía -ya les llegará la hora de ser oro rojo- pero muy bien ordenaditas. La imagen del Camino rodeado de árboles desaparece por completo en esta tierra aunque, de tanto en cuanto, tres o cuatro árboles le hacen un guiño a aquellas primeras etapas navarricas.
En uno de esos pequeños sombreados, Jinnet y Josse, ella canadiense y el francés, charlan sobre las diminutas estatuillas que se apilan a uno de los lados de la pista. Es costumbre que, allá donde haya una concha amarilla indicando la dirección, una pila de cuatro o cinco piedras la acompañe. En esta ocasión, justo antes de llegar a Ventosa, más de cuarenta pilas se amontonan antes de llegar a los árboles -¿peregrinos celebrando una sombra en el desierto?-.
Jinnet y Josse son viejos amigos. Él está recorriendo el Camino por segunda vez pero, para Jinnet, es la primera: "Estoy a punto de cumplir los 50 años y lo quería celebrar haciendo algo excepcional. Quiero reivindicar que aún soy joven y que gozo de buena salud", me dijo. Josse, por su parte, se sorprende al enterarse de que La Rioja no es Nafarroa: "¡Anda, yo creía que Rioja sólo era el vino!", ríe y remarca: "El vino de aquí, ¡lo mejor del Camino!".
disfrutar de la vida Varios kilómetros más adelante, Nicky Vernon descansa bajó un pequeño árbol y se convierte en un claro ejemplo de que en el Camino se aprende a relativizar. Su sonrisa, sus opiniones y su presencia rebosan felicidad pero... se ha quedado viuda hace no mucho tiempo. "Unos amigos me hablaron del Camino y sin pensármelo dos veces me vine; hay que seguir adelante y disfrutar de la vida". Londinense de nacimiento pero habitante de Cape Town, Sudáfrica, tiene 66 años y toda una vida por delante.
La etapa de ayer no fue especialmente dura orográficamente hablando, pero el sol machacaba los brazos y la cabeza de manera peligrosa. Tras descansar para comer en Nájera, con las majestuosas Peñas de Malpica cubriendo sus espaldas, avancé rumbo a Santo Domingo de la Calzada. El Alto de Nájera, nada más salir del pueblo, es un perro ladrador: al principio asusta con una pendiente larga pero en 200 metros se convierte en inofensivo. Sorprendentemente, Santo Domingo llega mucho antes de lo esperado. Así es que, con una temperatura mucho más agradable, decido cruzar la frontera y entrar en Burgos. Aquí, el Alto de La Pedreja impone, así que decido acercarme hasta Belorado, para atacar la cumbre pronto por la mañana, cuando la brisa aún es fría.
Gracias por su comentario
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