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* Director técnico del Consorcio para el Tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos del Maresme, por carles salesa - Domingo, 23 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 10:07h
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hace unos días me invitaron los amigos de Gipuzkoa a visitarles para intercambiar experiencias en la gestión de los residuos municipales. Una oportunidad de aprender y compartir a partir de situaciones distintas pero a la vez parecidas.
Me sorprenden positivamente los magníficos resultados de recogida selectiva en Gipuzkoa, aún sin casi recogida diferenciada de materia orgánica. Un ejemplo para muchos.
En Catalunya hace tiempo que se apuesta por la recogida selectiva de orgánica. Hoy allí ya es obligación legal para todos los municipios, sin distinción de tamaño. El objetivo del 50% de reciclado para 2020 que recoge la nueva Directiva Marco de Residuos parece dar la razón a esta apuesta. Aunque, como siempre, la realidad es poliédrica. Muchas veces se habla de la orgánica y del compost o estabilizado final sin considerar la demanda local real de este producto. Un mal endémico de la gestión de residuos.
En Gipuzkoa han empezado a funcionar las primeras experiencias de recogida puerta a puerta (PaP). En el Maresme ya llevamos unos años con ellas, la mayoría con buenos resultados.
Este tipo de recogidas generan siempre controversia entre la ciudadanía. No es precisamente fácil adaptar los ritmos de vida actuales a la disciplina que el PaP requiere. Pero, como animales de costumbres que somos, si las cosas están bien hechas y se explican bien, finalmente la mayoría se acaba adaptando.
Mucho se ha hablado sobre el límite del tamaño de población y tipología de urbanización que permiten hacer viable el PaP. Más allá de este debate, si los resultados reales son buenos y consistentes en el tiempo, lo verdaderamente importante es el aumento del reciclaje.
Por lo tanto, que vivan los PaP. Y que vivan también los quintos contenedores, y vivan todos aquellos municipios que independientemente del modelo hacen de la recogida selectiva y el reciclaje una prioridad de su gestión municipal. Cuántos técnicos y regidores municipales anónimos se dejan sangre, sudor y lágrimas para intentar que sus conciudadanos reciclen lo máximo posible. El cielo sería poco para alguno de ellos.
Pero que vivan por lo que hacen, no por lo que no hacen. Porque reciclar mucho es posible, pero hacer desaparecer los residuos no.
Por muy buenos resultados que se obtengan, siempre existirán residuos que no tengan cabida en ninguno de los flujos a reciclar, en PaP, en contenedores o en el modelo que sea.
Mientras la UE plantea la sociedad del reciclado y tender al vertido cero, otros hablan de residuo cero. Concepto difícil de entender éste último, al menos para alguien que lleva muchos años viendo residuos pasar por sus narices.
Como muestra algunos ejemplos de residuos que constituyen fracción resto/rechazo: pañales, compresas, pañuelos de papel, preservativos, plásticos no envase diversos, textiles no reutilizables, maderas no reciclables, juguetes rotos, rechazos de cueros y pieles, multitud de utensilios higiénicos y de limpieza de un solo uso, metales no envase diversos, cerámicas, porcelanas, restos de cristal, accesorios alimentarios de un solo uso, material de oficina no reciclable, colillas, restos de barrer...
En fin, una lista mucho más larga de lo que desearíamos, pero que allí están. Algunos inertes, otros muchos magníficos combustibles. Y ello suponiendo que la recogida selectiva es perfecta, tanto en cantidad (no se escapa nada) como en calidad (no hay impropios). Hipótesis demasiado ambiciosas para considerarlas reales.
Con todo ello, las opciones están allí. O enterrarlos en vertederos, algunos autoengañándose pensando que sin perjuicio ni impacto medioambiental. O valorizarlos energéticamente, efectivamente la temida incineración.
Mucho se ha hablado sobre la incineración, con certezas y con incertidumbres, con razón y con pasión. Pero a día de hoy, no sólo es lo que hace la Europa concienciada medioambientalmente. No sólo que será obligación legal priorizarla antes del vertedero. No sólo que genera la tan necesitada energía y mucha de ella renovable. Es que simplemente una instalación de incineración moderna no implica riesgos para el medio ambiente ni la salud.
Después de la prevención y el reciclado, la incineración, tal como se concibe y conoce actualmente, también es parte de la solución.
Lo dicho, que vivan todos los que luchan por reciclar y mejorar este planeta. Esfuerzos muchos se han hecho y muchos quedan por hacer. Eso sí, milagros con la basura, pocos.
Gracias por su comentario
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