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premio euskadi de investigación 2009 > josé luis de la cuesta criminólogo

"La crisis económica agudiza determinadas agresiones, fundamentalmente, las relacionadas con la propiedad"

El jurista donostiarra recibió la pasada semana el galardón del Premio Euskadi de Investigación 2009 en la categoría de Ciencias Sociales y Humanidades. De la Cuesta es catedrático de Derecho Penal y director del Instituto Vasco de Criminología (IVAC) y de los Cursos de Verano

aitor anuncibay - Viernes, 21 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 07:41h

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Donostia. ¿Se respalda suficientemente a la víctima de un acto criminal?

Creo que no. Desde el punto de vista jurídico, la pretensión, normal y razonable, de que el enjuiciamiento de los hechos delictivos sea con la máxima objetividad, les llevó hace tiempo a marginar a la víctima del ámbito procesal, de la investigación del delito y del proceso penal. Esto ha determinado un olvido de la víctima. Hay que volver de ese olvido hacia un reconocimiento de la posición de la víctima, que es la más directamente interesada en que se haga justicia, y a un reconocimiento de sus necesidades, que no se satisfacen con la medida de condena del posible responsable, sino que requiere también todo un conjunto de elementos de atención, apoyo, tratamiento y, en ocasiones, de participación en la propia intervención que se pueda dar, incluso en el ámbito de la ejecución penitenciaria.

¿Qué instituciones deberían tomar la iniciativa?

Todas las instituciones que se mueven en el universo penal. La propia Policía que, en ocasiones, a la hora de investigar el delito mira a la víctima en función de su investigación y, por tanto, no puede dejar de plantearse cuál ha sido el papel de esta persona que llega ya reclamándose víctima del delito. En ocasiones, esto lleva a agravar la victimización. Por lo tanto, la Policía debe estar bien formada para saber atender a las víctimas que llegan a plantear sus denuncias, para detectar la situación en la que se encuentran e, incluso, las necesidades que puedan tener de una intervención inmediata. También deberían intervenir la Justicia en general, desde la Fiscalía a los tribunales, pasando por la Abogacía, así como la sociedad en general. Porque cuando una persona sufre una agresión se acaba produciendo una cierta exclusión y tiene dificultades en la participación en la vida social. He vivido en un entorno cercano lo que es un robo en una casa y he visto cómo la víctima sentía muchas dificultades para salir a la calle, y el miedo le produjo importantes problemas en la vida social.

¿De qué forma ha influido ETA sobre la interiorización de la violencia en la sociedad?

El caso de victimización terrorista es muy particular en el marco de la problemática de las víctimas, porque no sólo reciben agresiones sino que estas últimas tienen que ver con planteamientos de cambio social que normalmente deberían producirse en la vida política sin violencias. Esto lleva a que a la victimización ordinaria que se produce en un delito normal se le añadan una serie de componentes que la agravan, y mucho. Si en todo se da esa dificultad, en su vida social se agrava por el rechazo o prevención que se da en su relación con ellos. Por eso, es más necesario intensificar los esfuerzos para ayudar a esas víctimas a reintegrarse de nuevo en la vida social. La verdad es que la mayor parte de las víctimas del terrorismo no están integradas en asociaciones y, por tanto, es muy importante que no se delegue sólo en estas organizaciones para que las víctimas vayan encontrándose.

¿Esta anomalía social nos ha hecho más sensibles o más insensibles respecto a la violencia en general?

El clima de violencia en Euskadi ha llevado socialmente a una cierta contención y repliegue de muchos en sus posiciones y eso no es bueno desde el punto de vista social. Hasta cierto punto, es natural cuando es tan extendida la victimización. Son tantas las personas que se encuentran amenazadas por el terrorismo de ETA que no hay que pensar sólo en los asesinados, sino que hay una población muy extensa afectada por esas acciones. En ese marco puede ser hasta comprensible que las personas no estén muy abiertas a comprender, ayudar o a tener empatía con quienes sufren otro tipo de victimizaciones que también son rechazables. Socialmente será algo que tardaremos en recuperar.

En otro orden de cosas, ¿cómo ha evolucionado el crimen en Euskadi?

La criminalidad más importante se da en los delitos contra la propiedad. Ahí se observan hechos con mayor carga agresiva que en años anteriores. Además, últimamente han llamado la atención, a partir de los datos de Fiscalía, las agresiones que se producen en el ámbito familiar de descendientes a ascendientes. Lo que se podría encuadrar en ese cliché del niño tirano. Por lo demás, nuestra delincuencia no es distinta y no tenemos un nivel comparativamente alto. Eso nos debería llevar a una mayor confianza en la acción preventiva y en nuestras propias capacidades. Aunque parezca que no coincide con nuestra percepción, el índice de criminalidad que tenemos en Euskadi no es alto si lo comparamos con sociedades de nuestro entorno. Es cierto que las situaciones de crisis económica agudizan determinado tipo de agresiones, fundamentalmente las que tienen que ver con la propiedad, donde sí se observa un cierto repunte, pero no alarmante, que incorporan violencia, amenaza fuerte o algún tipo de lesión. Esto debe obligar a concentrar mejor las acciones de prevención para hacer frente a algo que criminológicamente no es extraño, pero que no evita ni justifica el que no se hagan mayores esfuerzos de prevención. Es importante destacar que hay una distancia bastante grande entre la percepción de seguridad, que se rige por unos parámetros que no tienen que ver, con la evolución de la delincuencia.

¿Por qué se llega a esa percepción?

Vivimos en una sociedad que está muy preocupada por el riesgo, que quiere encontrar una gran seguridad. Tenemos muchos elementos sociales que están establecidos para que busquemos cobertura a los riesgos frente a accidentes y desgracias. Y nos gustaría lo mismo en el ámbito de los riesgos delictivos, pero este marco es complicado en cuanto a su gestión, porque siempre es más fácil responder a lo sucedido que realizar acciones que impidan que se cometan las acciones. Lo que queremos es que se eviten y se reaccione. Nos gustaría vivir en una sociedad sin delitos, y eso hace tiempo que sabemos que no es posible.

El problema del "niño tirano" tiene una base educativa, televisiva…

Nuestra sociedad, de algún modo, favorece la aparición de ese fenómeno y tendrá que ver con lo que el niño o adolescente vive de manera más directa. Su contacto con la televisión es muy intenso, pero probablemente tenga más que ver con el modo en el que vive en su entorno familiar, la estabilidad que le rodea y con los parámetros de comportamiento que recibe de los propios padres. Es en la familia donde los chavales van tratando de cubrir sus carencias. A veces, los padres nos preocupamos por dar a los chavales aquello que no necesitan y, quizá, lo que no damos es tiempo, cercanía y apoyo. Damos mucho bienestar material y, quizá, es mucho más importante dar acompañamiento en determinadas situaciones.

¿Qué opina de la percepción que hay en una parte de la sociedad que observa una relación causa-efecto entre la inmigración y los delitos?

Hay más inmigrantes, y la sociedad está integrada por personas de procedencias diferentes, lo que conlleva parámetros de vida que no son idénticos y nos pueden hasta sorprender y chocar. Una manera de procurar entender lo que no resulta tan fácil es echar la culpa de lo que nos sucede a los que han venido con esas formas de ver las cosas que, por tanto, nos generan precaución. Tenemos inmigración porque la necesitamos. Si vamos al fenómeno delictivo, la mayor presencia de inmigrantes se traduce también en mayor presencia en el plano de la delincuencia. Al analizar por qué se produce eso hay que ver si deriva simplemente en que cometen más delitos o, respecto a ellos, si es más fácil determinado nivel de control. Si una de las decisiones que tiene que tomar un juez cuando tiene a un delincuente de cierta entidad delante es mandarlo a la cárcel o no, un criterio debe ser si se va a escapar y si el arraigo social es una base para decir que responderá ante la Justicia. Cuando no lo hay, el riesgo de que se escape puede ser mayor. Creo que eso influye bastante a la hora de explicar por qué se da esa mayor presencia que antes de inmigrantes en el ámbito de lo delictivo, pero en modo alguno eso nos permite entender que la mayor parte de los delitos los cometen los emigrantes. No es verdad. La mayor parte los cometemos nosotros y entre nosotros.

¿Qué opinión le merece el proyecto de cárcel en Zubieta?

Me parece fundamental que el mundo penitenciario se encamine hacia lo contrario de lo que ocurre en la actualidad: un mundo cada vez más cerrado, con muros más gruesos y más altos para aislarlo más del exterior. El mundo penitenciario debería ser más abierto, sobre todo por las propias características de las personas que están ingresadas en prisión, que muchas veces no deberían estar. Tendríamos que tener herramientas y elementos suficientes para que pudieran cumplir parte de su pena en prisión y parte en el exterior. Sería bueno que, cuando se diseñe y construya la cárcel, la propia institución penitenciaria se haga a la idea de que no sólo se van a cumplir condenas sino que los reclusos también requieren entrar y salir. Siempre he sido muy favorable a la prisión abierta, que es una modalidad de ejecución a la que seguimos sin sacarle el pleno jugo, a pesar de que el Gobierno Vasco ha encargado estudios.

las claves

"No es verdad que la mayor parte de los delitos los cometan los inmigrantes; los cometemos nosotros"

"Siempre he sido muy favorable a la prisión abierta , una modalidad a la que seguimos sin sacarle provecho"

premio euskadi de investigación 2009

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