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La montañera tolosarra holla el Shisha Pangma, y hoy alcanzará su campo base
Junto a Izagirre, Txikon, Orviz y dos sherpas, se convierte en la vigésimo segunda persona en completar los "ochomiles"
Oskar Ortiz de Guinea - Martes, 18 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 08:01h
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Edurne Pasaban
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Donostia. El refranero le dio la espalda en 2008, cuando su tercera tentativa al Shisha Pangma no fue la vencida. Sin embargo, Edurne Pasaban vio cumplido ayer el lema de no hay quinto malo. Tras cuatro experiencias fallidas a la montaña tibetana, el más bajo de los catorce techos del mundo, la tolosarra holló ayer el ochomil más deseado, el decimocuarto, algo que antes sólo habían logrado 21 personas en toda la historia, incluidos los vascos Juanito Oiarzabal (1999, sexto hombre en la lista) y Alberto Iñurrategi (2002, décimo). La coreana Oh Eun Sun, vigésimo primera en este club de elite, se adelantó en veinte días a la guipuzcoana como la primera mujer en culminar la carrera.
Curiosamente, la bestia negra de Edurne Pasaban, el Shisha Pangma, la montaña que la había rechazado hasta en cuatro ocasiones, algo inédito en una cumbre que no pasa por ser de las más complicadas, abrió sus brazos ayer para la expedición de Al filo de lo imposible, que completaron el también tolosarra Asier Izagirre -primo de Edurne-, el vizcaino Alex Txikon, el asturiano Nacho Orviz y los sherpas Mingma y Pasang. Al grupo también acompañaron los italianos Mario Panzeri -que coronó su undécimo coloso-, Alberto Magliano y Michele Compagnoni.
La cresta sobre la planicie de hierba, que así se traduce del tibetano el nombre de la cima de 8.027 metros de altitud, esta vez no complicó en exceso la ascensión de Pasaban. Todas las dificultades habían quedado atrás tras casi tres interminables semanas en el campo base a la espera del buen tiempo. Esa ventana se abrió ayer, y los alpinistas gozaron de una escalada limpia por la cara noreste de la montaña que los condujo al éxito a las 11.52 hora local tibetana (8.07 en Euskadi), tras prácticamente seis horas de ascensión, que iniciaron desde el campo 3, a unos 7.400 metros. Como habían decidido durante el fin de semana, la ruta elegida fue la que abrió el malogrado montañero navarro Iñaki Ochoa de Olza en 2004. Esta vía permite atravesar en diagonal la vertiente para evitar un tramo muy peligroso bajo una batería de témpanos de hielo.
La alegría, los abrazos y las lágrimas de emoción estallaron de forma más intensa si cabe que en sus trece cumbres anteriores. La gesta de Edurne no pudo llegar antes que Miss Oh, pero ha llegado, que es el sueño que perseguía la tolosarra en los últimos años.
Tras las fotografías de rigor -que se espera sean públicas hoy-, la expedición emprendió un descenso de más de seis horas hasta el campo 2, en el que pernoctaron a la espera de poder alcanzar hoy la base del Shisha. Tras su decimocuarta cima, a Edurne le aguarda en Katmandú la visita de varios familiares y amigos, incluidos sus padres, Sergio Pasaban y Begoña Lizarribar.
El único contratiempo que vivió ayer el grupo de Pasaban fue la inesperada llegada, hacia la una de la madrugada previa a su ataque, de la expedición estatal de la que forma parte el vizcaino Juan Ramón Madariaga, que habían dado media vuelta tras iniciar el descenso al campo 2 para emprender un segundo ataque a cumbre. Los alpinistas se distribuyeron entre las tiendas de Al filo..., por lo que el equipo de Edurne se vio obligado a retrasar dos horas su partida, prevista inicialmente para las cuatro de la madrugada.
"Gracias a todos" A través de su página web, Edurne Pasaban, con la voz entrecortada por la fatiga y el torrente de emociones y sentimientos, acertó a agradecer "a todos los que habéis hecho posible que ascendiera los 14 ochomiles". "Han sido un montón de años para terminar esto, tendría que dar gracias a mucha gente y no podría decir a todo el mundo aquí". Hoy, más sosegada, festejará su gesta al abrigo del campo base.
Gracias por su comentario
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