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la real, en sintonía con una afición volcada, afianza su liderato tras superar con merecimiento al hércules gracias a un gol de emilio nsue en la primera parte
mikel recalde - Lunes, 5 de Abril de 2010 - Actualizado a las 09:36h
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(NG)
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Donostia. La Real también se impuso al Hércules y se dispara hacia la Primera División. Lo hizo con absoluta justicia porque, aunque sufrió más de la cuenta, algo previsible dada la talla del rival, dispuso de demasiadas ocasiones para haberle aniquilado con anterioridad. Nadie dijo que iba a ser fácil. Con sudores fríos, con altibajos en su juego y con todo lo que quiera ver cada uno, este equipo ha ido derrotando a todos los adversarios directos, a los que ha ido convirtiendo uno a uno en perseguidores porque ya sólo los puede ver por el retrovisor. Honor y gloria para una plantilla capaz de redimirse de sus malas actuaciones a domicilio con continuas demostraciones de poderío en su guarida siete días después. A muchos no les convencerá, sobre todo en casas ajenas, pero si nos guiamos por su fortaleza en su estadio, nadie puede poner un solo pero al flamante número uno de la categoría de plata. Tranquilos, que por fin podemos decir que los días que nos quedan en este pozo están contados. La Real, como club de fútbol, es digna de un escenario mejor y estos son los jugadores que van a devolverle al lugar donde le corresponde. Su nombre será inscrito en la historia de la entidad de la manera que merece su gloria. Que es grande, aunque a algunos se les quede corto un ascenso.
Todos los conjuntos que triunfan guardan un secreto o un arma que les convierte en superiores a sus enemigos. La de la Real es la comunión perfecta que tiene el equipo con su afición. El líder hace soñar a Anoeta y Anoeta sostiene al líder. Ésa es la fórmula perfecta que nos hace diferentes y que nos guía de manera irrevocable hacia la elite. Los realistas ilusionaron a su parroquia siendo muy superior al todopoderoso Hércules, pese a que no contaban con sus dos grandes estrellas, Bravo y Prieto. Cuando tocó sufrir, cuando empezó a fallarle el pie por el empuje de un enemigo, que no era un cualquiera, apareció una hinchada caliente como nunca, que le arropó y logró con su voz y empuje que sacara fuerzas de donde no las había para mantener un resultado que vale su peso en oro. No se equivoquen, es un amor correspondido. Ese ánimo, esa pasión y esa ilusión se la han ganado los jugadores. Ellos ya sabían que con poco que ofreciesen iban a recibir un cariño ilimitado. La explosión de júbilo cuando Ontanaya señaló el final del encuentro fue un acto más incluido en el preludio de la gran fiesta que se avecina para dentro de unas pocas semanas. 1-0 y a casa, un guión que hemos mascado durante años en el viejo Atocha, cuando nos íbamos más contentos que unas pascuas con una victoria por la mínima, aunque fuese gracias a un tanto en propia meta.
Lasarte, al que habrá que reconocer toda la vida que fue capaz de darle la vuelta a una situación límite y cambiarle la cara a nuestra Real, apostó por los dos cambios esperados, es decir Zubikarai y Nsue, a los que añadió la inesperada entrada de Zurutuza para sentar a Elustondo. La Real lucía un traje más ofensivo que de costumbre, pero saltó al campo sin ninguna ansiedad, consciente de que podía jugar en función del resultado. Las urgencias eran para el Hércules, y en ese sentido, los blanquiazules evidenciaron la madurez de un equipo que cree ciegamente en sus posibilidades. Esteban Vigo alineó un once sorprendente y cambió su esquema para jugar con un claro 4-1-4-1, con el que trató de hacer daño a los pivotes de la Real, al presionarles y cerrarles las líneas de pase. El centro del campo realista no estaba cómodo, pero tampoco le importaba al ser consciente de que llegaría su oportunidad. Una vez más fue un Griezmann, consagrado como cualquiera de sus compañeros a sus 19 años, el encargado de crear peligro antes del descanso con varios acciones salidas de su zurda de porcelana. Desde el primer momento se comprobó que Bueno estaba enchufadísimo. El uruguayo es un gran delantero para Segunda, pero tiene que encontrarse en perfectas condiciones para demostrarlo. Ahora está como una moto. Tras disponer de dos buenas oportunidades y asistir a Griezmann con una peinada, los dos amiguetes, galo y uruguayo, fabricaron la jugada del gol. Fue en una contra a la salida de un córner herculano, que De la Bella taponó y despejó con valentía, el balón le llegó al niño de oro, en posición legal, que lo bajó con destreza y se lo puso en largo a Bueno. El difícil intento de vaselina del punta acabó en el larguero, pero ahí apareció Nsue para anotar a puerta vacía en un remate de delantero. Lo que tanto le gusta repetir hasta la saciedad. Antes del descanso el único susto llegó en un córner envenenado de Farinós que Zubikarai casi introduce en su portería.
En la reanudación, el Hércules intentó estirarse pero la Real le aguardaba dispuesta a hacer sangre en los espacios. Fueron los mejores minutos del gélido Zurutuza, que levantó a la grada de sus asientos con una jugada preciosa que casi acaba en gol. Los realistas no mataban porque Bueno, que estaba en todas, no encontraba la portería, por lo que se vieron obligados a levantar de nuevo una barrera de hormigón puro que cerró cualquier opción del empate. La defensa de la Real en Anoeta no deja ningún resquicio al enemigo y sólo una mala salida de Zubikarai, que había salvado poco antes el triunfo, sembró el pánico en Anoeta. Para eso están los Carlos Martínez, Mikel González, Ansotegi y De la Bella, para acudir al rescate cuando su gente les necesita.
La clasificación nunca engaña. La Real es líder con seis puntos sobre el segundo y siete sobre el tercer clasificado. Esto no se nos va a escapar, pero no por el valioso colchón, sino porque, viendo su rendimiento y su relación con la grada de Anoeta, lo normal es que cuente por victorias los cinco partidos que le quedan en casa.
Gracias por su comentario
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