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El agente que detiene es diferente al que traslada al arrestado y al que le toma la declaración
a.u.s. - Viernes, 2 de Abril de 2010 - Actualizado a las 10:39h
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Donostia. En los calabozos de la comisaría de la Ertzaintza en Donostia hay dos personas al principio de la noche, dos magrebíes. Al final serán cinco, en total. Se sumarán a los calabozos dos hombres y una mujer, todos ellos vecinos de Donostia.
El apuñalamiento de un joven pasaitarra ha llenado los calabozos. La detención de los tres jóvenes por participar en estos hechos sigue el protocolo. La patrulla que los arresta debe ser diferente de la que los traslada para cumplir con la certificación de gestión ISO 9001. Esto conlleva tiempo y recursos. Una ertzaina es la que debe cachear a la mujer y, justamente, se encuentra en ese momento con la víctima. La adrenalina del momento debe dejar paso a la calma y el autocontrol. Para incautarles las navajas pequeñas y una piedra de hachís, hay que hacer un documento por triplicado: para la policía, el juez y la persona a la que se le ha aprehendido la droga.
El coche donde se le traslada al detenido tiene una mampara para proteger a los agentes. Al llegar a la comisaría, el arrestado pasa, en primer lugar, a la sala de custodia, donde es cacheado, de nuevo. Se le vacían los bolsillos y se le desprende de cualquier cosa que pueda utilizar para autolesionarse: cordones, collares, etcétera.
reseña De ahí pasa al calabozo, con una manta y una esterilla para aliviar el frío y la incomodidad de dormir en una cama de cemento. Cuando un agente de atestados baja a la zona de los calabozos, comienza el proceso. Informa al detenido de sus derechos y del motivo de la detención, como han hecho los compañeros en el momento del arresto. En una sala con videocámaras, se toman tres imágenes (perfiles y de frente) del detenido, que pasan al fichero de la Ertzaintza. Hay otra sala más parecida a la imagen típica de las películas, con las medidas pintadas en la pared para hacer una reseña fotográfica. Se toma la huella de los dedos y palma, para saber si antes ha estado fichado por la Policía autonómica. Además, "las órdenes de detención están asociadas a las huellas", según explica el jefe instructor.
Las salas cuentan con cámaras que graban, tanto lo que hacen los detenidos como los agentes. Los ertzainas inciden en explicar que nadie se juega su carrera por torturas que aparecerían grabadas en los vídeos. "Todo queda grabado", recalcan.
La videorreseña y los informes fotográficos son recibidos, al momento, por el equipo de atestados, dos pisos más arriba. Cuando llega la hora de tomar declaración al detenido, se hace en una sala en la que no hay nada que se pueda usar para agredir al agente o autolesionarse.
Fichado ya, sólo queda esperar la hora de presentarse ante el juez y ver si éste decide dejarle en libertad o meterle en prisión. En este caso, se opta por lo primero. Mientras llega ese momento, los operadores de radio saben, al segundo, qué esta haciendo el detenido. Si sale para comer o ir al baño, si hay que trasladarlo al cuarto de socorro o al juzgado. Si ha pedido una botella de agua, o ha llegado la hora del cambio de custodios. Está tan localizado como los propios agentes, que deberán prestar declaración si han participado en la detención, hecho que tendrán que repetir en la celebración de la vista oral.
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