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por iñigo arbiza - Sábado, 6 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 10:16h
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Intérpretes: Frank Peter Zimmermann (violín), Lawrence Renes (director), Orquesta Sinfónica de Euskadi. Programa: Shostakovitch: Sinfonía nº 9 en mi bemol mayor, Op. 70; Sinfonía nº 15 en la mayor, Op. 141. Dvorák: Concierto para violín y orquesta en la menor, Op. 53. Fecha y lugar: 04/03/10. Auditorio Kursaal. Donostia. Incidencias: Aforo casi completo. Zimmermann ofreció un bis tras el concierto de Dvorák.
siempre he creído que para que un músico triunfe y arranque además del aplauso, el bravo del público, no sólo ha de mostrarse habilidoso con sus dotes técnicas en cuanto a interpretación se refiere, además ha de añadir ese algo más que va implícito en su personalidad, en su comportamiento, en su faceta más íntima.
En definitiva debe saber transmitir sentimientos, mostrar el factor humano de la música. Y eso es justo lo que Zimmermann sabe hacer a la perfección. Toca como los ángeles, pero, además, su actitud en el escenario denota cierta humildad, cierta actitud al servicio de la música propiamente como tal.
Zimmermann toca como los ángeles, pero, además, su actitud en el escenario denota cierta humildad
La combinación de los factores logra que su trabajo sea extraordinario, y que su presencia al lado del atril principal resulte de lo más atractiva.
El Stradivarius de 1711, que perteneció al violinista austriaco Fritz Kleister, sonó a la perfección a lo largo del Concierto para violín y orquesta en la menor de Antonin Dvorák. Concierto tan conocido como intenso, y lleno de reminiscencias de carácter folklórico. Zimmermann expuso correctamente los diferentes movimientos, siempre en búsqueda del sonido limpio, a sabiendas de que la orquesta en esta obra se mantiene en un segundo plano sonoro propiciando el lucimiento del solista. Mostró frases llenas de expresividad, una técnica que no defraudó, y sobre todo mucho arte. Los aplausos y los bravos del respetable fueron recompensados con un bis.
Zimmermann, que durante la segunda parte del concierto asistió en la butaca sin soltar su violín, se fue triunfante del Kursaal. Si el trabajo del alemán fue impecable, el de la Orquesta, a pesar de haber estado dentro de lo correcto, no estuvo exento de ciertos altibajos que sonaron de manera bastante notoria.
Los integrantes de la formación vasca se enfrentaron por vez primera a la interpretación de las sinfonías 9 y 15 de Dmitri Shostakovitch. Durante la primera de las mencionadas sonaron numerosos desajustes, sobre todo en el allegro inicial, a pesar de las concisas indicaciones del maestro Lawrence Renes, desajustes que fueron a más y que quedaron también evidentes en los cambios de tempo y rítmica del último movimiento allegretto.
La sensación fue que costaba mantener lo que el maestro y la partitura exigía. Las tornas fueron, sin embargo, a mejor en la Sinfonía nº 15, densa donde las haya, y ante cuyas complicadas líneas la Sinfónica de Euskadi salió bastante airosa.
Gracias por su comentario
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