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Con intenciones no basta temporada victoria eugenia

por iñigo arbiza - Lunes, 8 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 08:01h

Programa. R. Wagner El Holandés Errante, ópera en tres actos. Intérpretes. Richard Haan, Monna Somm, José Montero, Vera Pachovâ, Ivaylo Guberov, Robert Remenselnik. Coro y Orquesta de la Ópera Checa de Praga. Martin Otava (director de escena). Norbert Baxa (director musical). Fecha y lugar. 06/02/10. Teatro Victoria Eugenia. Donostia. Incidencias. Aforo prácticamente completo. El segundo y tercer acto se ofrecieron sin descanso. Una soprano del coro se cayó de la silla durante la función.

Poder ver y escuchar El holandés errante de Richard Wagner en el Teatro Victoria Eugenia de Donostia. ¡Casi nada! Considerando las limitaciones de la caja escénica y del foso, como mínimo un reto poco menos que considerable. Si tenemos en cuenta lo que la partitura requiere, podemos pensar que con una orquesta, que contó con cerca de medio centenar de efectivos, la cosa podía fluir, claro que para eso hay que tocar bien. Y en ello sí que se esmeró el maestro Norbert Baxa. Vamos, que se lo trabajó desde la inicial obertura del primer acto hasta el trágico final, siempre intentando realzar la trama que transcurría sobre el escenario, y a la vez exigiendo que la orquesta sonara redonda y compacta, cosa que sólo obtuvo en contadas ocasiones, gracias sobre todo a los metales y las maderas, lo de las cuerdas -en especial cellos y bajos- fue harina de otro costal.

Representar, o al menos intentar poner sobre escena el gran entramado que supone el buque fantasma en una caja como la citada, supone un reto para cualquier director de escena.

Pero si tenemos en cuenta que la producción llegada desde la Ópera Checa de Praga es la típica que cuenta con los mínimos elementos escénicos para poder adecuarse a diferentes condiciones técnicas a lo largo y ancho de teatros y auditorios del planeta, restamos importancia al hecho de que estemos en el teatro de referencia de la capital guipuzcoana, porque ya viene así. Es decir, que la puesta en escena brilla por su ausencia y aburre a un muerto.

Si uno sabe de qué va la obra, y si conoce el argumento, al menos se puede centrar en la parte musical. Lo malo es que si nunca ha visto esta obra, se traga de principio a fin que la protagonista femenina, Senta, esté recluida en un psiquiátrico que evoca las escenas más duras del oscarizado filme Alguien voló sobre el nido del cuco de Milos Forman, y todo porque alguien ha decidido dar ese giro a la trama.

En fin, podemos añadir la ausencia visual de nada que evoque un buque, salvo un timón y unas proyecciones de un salvaje oleaje. Al menos en el segundo acto el señor Otava tuvo el detalle de dejar que el coro de féminas hilase como marca el libreto.

Desde el punto de vista musical y vocal, no es de recibo que el coro interno, el que corresponde a los fantasmas del buque protagonista, esté grabado. No se cantó de viva voz, sino que se puso una grabación sobre la cual cantó el coro. ¡Un timo en toda regla!

Menos mal que el protagonista Richard Hann dio la talla vocalmente llenando la platea con unas dotes de barítono con tendencia a un timbre atenorado en las frases más agudas, y haciendo creíble su papel. De igual modo que la soprano Monna Somm sacó potencia y volumen en la esperada balada Jo ho hoe, o el dúo final, ofreciendo páginas llenas de colorido y potencia, aunque con tendencia gritona en los agudos. Aún así, gracias a ellos dos la cosa pudo tener su interés. El resto del elenco tan sólo cumplió, el coro de mujeres sonó más o menos equilibrado, y el de hombres, digno para el olvido.

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