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Tribuna Abierta

De colega nada: padres

por paco marín guruceaga, * Físico - Jueves, 4 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 07:39h

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El escrito que transcribo lo recibí hace unos días a través del correo electrónico. Un grupo de educadores y ex educadores intercambiamos experiencias, comentarios, anécdotas y quisicosas sobre el momento actual de nuestra profesión.

Uno de ellos -jefe de Estudios en ejercicio de un prestigioso centro de enseñanza- nos envió una misiva que titulaba La carta que no enviaré. Iba dirigida a un innominado padre de un alumno, bastante representativo del tipo de familias con la que nos toca lidiar. Cada vez más.

La iniciaba con la justificación que transcribo textualmente: "Escrito a un padre tocapelotas que, cuando su hijo suspende hasta el recreo, viene a acusarnos a los profesores de tenerle manía y a decirnos que el profe particular le asegura que no llega a comprender sus suspensos, porque el chaval entiende todo a la primera y lo aprende en un pis pas"

El propio docente reconocía que la había escrito indignado. Y como utilizaba términos coloquiales un tanto disonantes -a pesar de tener toda la razón del universo mundo- me permito dulcificarla. Decía, más más que menos, así:

"Estimado señor:

Por lo que me asegura en su comunicación de ayer, me da la impresión de que su hijo ha heredado los genes de la estulticia de su progenitor. Se lo explico con el sincero deseo de que se produzca el improbable milagro de que me entienda.

Visto lo visto y leído lo leído, llego a la conclusión de que estamos ante un clarísimo caso de niñato malcriado que ha encontrado la manera de chantajear emocionalmente a sus padres y manejarlos a su antojo. Y Vd. y su señora esposa son tan lerdos que no sólo le creen todas las tonterías que les cuenta sino que, además, actúan ninguneando la autoridad del profesorado del centro con tal de no ponerle límites a sus despropósitos.

Hace tiempo que los profesionales de la Educación estamos hartos de que se haya pasado del aberrante criterio de que "el profesor siempre tenía la razón" al otro extremo -que Vds. practican- tan inadmisible como el anterior: "el profesor siempre tiene la culpa".

Deberían Vds. empezar por reconocer que dimitieron hace mucho tiempo de su papel de padres -si es que alguna vez lo ejercieron- y que no están dispuestos a asumir ningún sacrificio personal para contribuir a una sana educación de su criatura.

Del "profesor siempre tiene la razón" se ha pasado ahora al "profesor siempre tiene la culpa"

Actuar como "colegas" de sus hijos es un error que perjudica el proceso madurativo de los mismos

Con esa actitud de no ponerle límites de ningún tipo están colaborando a formar una persona insegura, intolerante ante el fracaso, caprichosa y tiránica. En otras palabras: participando activamente en generar un parásito social. Tal cual.

Pero allá Vds. Sigan, sigan consintiéndole todo. No se repriman. Póngannos verdes a los profesores en su presencia. Continúen creyendo a pies juntillas todo lo que se le ocurra a la calenturienta imaginación de su descendiente.

Atibórrenle de regalos sin merecerlo. Acepten -por la paz un Avemaría- cualquier petición que les formule, por descabellada que sea. Ni se les ocurra decirle -podrían crearle un trauma psicológico de consecuencias irreversibles - que en la vida existen derechos y obligaciones. Y que él también los y, sobre todo, las tiene. Como todo quisqui.

Déjenle ver la tele y utilizar el ordenador sin ningún tipo de restricciones. Y ni se les pase por la mente transmitirle que cualquier infracción a las normas establecidas debe tener su correspondiente penalización y mucho menos aplicársela. Sigan pensando que todavía -pobrecito de mi vida- es un tierno y delicado infante y que ya aprenderá cuando sea mayor… ¡Por las barbas de Bin Laden! ¡De eso nada, monada!

Asumo que, en el futuro, seré señalado como el responsable de todo lo desagradable que le suceda -suspensos y desengaños amorosos incluidos- pero el problema seguirá siendo de Vd. y de su esposa.

Tengo la suerte que esa recriminación será a distancia. A su hijo, le dejaré de ver -si Dios no lo remedia antes- en cuatro o cinco años como máximo. Pero Vd. y su señora lo van a tener que aguantar, apalancado frente a la pantalla del portátil o de la tele, en su pocilga -porque su habitación me imagino que es y será una pocilga si se la tiene que limpiar y ordenar él mismo- durante muchísimos años de su vida. ¿No les gratifica tan apasionante perspectiva? Me preocupa que su vástago piense que soy tan manipulable como Vd. y tan complaciente por sus zalamerías, como su madre. Se equivoca.

Tengo más conchas que un vetusto galápago después de haber visto, durante muchos años -bastantes más que los que tiene su hijo- a críos y crías destrozar a sus familias por la irresponsable desidia de sus progenitores. Y los huelo a distancia. En ese sentido, lamento tener que comunicarle, que su niñato apesta.

Así que, por favor, déjenme en paz con sus tonterías propias de padres y de madres que saben de vivir valores educativos en familia lo mismo que un pulpo de biotecnología. Y dediquen su tiempo a formarse en el papel que les corresponde asumir.

Vds. no son -porque así lo decidieron voluntariamente- ni compis, ni colegas de su hijo. Vd. es su padre y su esposa, su madre. Y ya va siendo hora de que ejerzan como tales.

Cuando llegue ese momento, me tendrán a su entera disposición para lo que necesiten. Mientras tanto, reciban un cabreado saludo del jefe de Estudios, quien les reitera cuanto antecede para su conocimiento, porque dudo mucho que surta los efectos oportunos." Así me enviaron la carta y así la transcribo… edulcorada.

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