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por angel aldarondo - Jueves, 4 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 07:40h.
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EL martes se celebró el Día de la Marmota, al menos en el poblado de Punxsutawney. Es la única estúpida efeméride yanqui que no celebramos, aunque de alguna manera la tenemos muy presente. Cuando sientes estar viviendo el mismo día una y otra vez. Cuando repites la misma rutina hasta convertirla en un protocolo existencial. Cuando arrastras el mismo problema por siempre y no puedes despegarte de él. Es como el pedo bufandero. Esa ventosidad que la pongas donde la pongas, te envuelve y persigue cuando te alejas de la zona cero. En este caso la flatulencia acosadora proviene de una operadora de telefonía móvil. Otra vez. Los lectores de esta columna quizá recuerden los quebraderos de cabeza que Vomistar provocó a este jipuscóano. Ahora que he logrado migrar de compañía me ha llegado la primera y alucinante factura. Tras aplicarme el descuento del 50% por ser nuevo cliente, la dolorosa sólo asciende a 423,32 euros. Cosas del terminal inteligente que te "regalan" y su promiscuo acceso a Internet en el extranjero. Esta vez no he llamado al servicio de atención al cliente. Esta vez no perderé un minuto de mi tiempo. La experiencia me dice que actúe sin mediar palabra, que ya llamarán ellos, porque no saben lo que tienen hasta que lo pierden. De momento he devuelto el cobro. Ya me pueden apuntar a la lista de morosos. Lo peor que puede ocurrir es que una entidad bancaria me deniegue una hipoteca, y tal como están las cosas, me harían un favor.
En este mismo espacio, el compañero Xabier Larrañaga se preguntaba por qué el Gobierno no actúa frente a estos abusos, y por qué los medios guardan silencio. Apunta bien el colega. Están muy ocupados hablando de cocaína, terrorismo o inmigrantes, temas que no invierten en publicidad ni tienen lobbys paseándose por Nuevos Ministerios. Por cautela, omitiré el nombre de la operadora que empieza por Vo y termina en dafone. Quizá me esté volviendo loco, pero juraría que esta vez son los molinos los que se empeñan en parecer gigantes.

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