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La nueva reconquista

Mikel Alberro Zabaleta - Jueves, 4 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 07:39h

La llamada reconquista española unió durante la Edad Media la espada y la cruz, el poder político y el religioso, para imponer ambos en los territorios conquistados a los infieles musulmanes. Ese mismo término sería aplicable hoy a la política que PSOE y PP han diseñado para Euskal Herria, y más concretamente para ese trozo del país que constituye nuestra CAV.

En efecto, la reconquista para España de esta parte de Vasconia (impermeable hasta ahora a los criterios políticos e identitarios hispanos) va tomando cuerpo. Los estrategas de Madrid ya pusieron una pica en Flandes el pasado año, consiguiendo colocar en Ajuria Enea a uno de los suyos. Al poder político se le suma ahora el religioso, con el nombramiento de Munilla para la Diócesis de Gipuzkoa. El domuit vascones visigodo resuena otra vez con fuerza allende el Ebro.

Como antaño, esa reconquista se hace al margen de la voluntad de los conquistados. Se impone y punto. Poco importa que el 71% de los ciudadanos de la CAV se muestre en desacuerdo con López o su gobierno. O que en ETB1 el lehendakari de la normalidad consiga un 0% de audiencia (sí, han leído bien: un 0%) en su mensaje navideño. Como también es baladí que el 80% de los curas de Gipuzkoa desapruebe el nombramiento de Munilla como obispo. La españolización de Euskadi requiere medidas radicales, de dudosa naturaleza democrática, al margen de la voluntad del pueblo. "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo", parafraseando a los ilustrados franceses del XVIII.

En la nueva reconquista un icono destaca sobre los demás: el de la normalidad. Se intenta vender que el advenedizo poder político y religioso ha normalizado la sociedad vasca, o va camino de hacerlo. Muchos vascos, sin embargo, creemos que su "normalización" equivale a "españolización" y la acción de "normalizar" a "españolizar". Para los sañudos normalizadores, la sociedad vasca estará tanto más normalizada cuanto mejor acepte los símbolos y el ideario del inconfeso nacionalismo español (la selección "nacional" de fútbol, la bandera y el himno, la Constitución, la monarquía borbónica, el ejército y la Benemérita).

No sorprende pues que el hombre de Rouco Varela en Gipuzkoa, monseñor Munilla, declarase a la prensa que la sociedad vasca está demasiado "politizada". En cambio, cuando la iglesia española -con el arzobispo de Madrid a la cabeza- ha declarado que la unidad de España forma parte de la doctrina católica, y que cualquier agente que la cuestione se sitúa al margen de la Iglesia, evidentemente no está haciendo política. "Hacer política" es lo que los anteriores obispos vascos (y algunos catalanes) hacían, al demostrar demasiada sensibilidad con la idiosincrasia, la lengua y la cultura del pueblo al que servían. No hacer política es proclamar a los cuatro vientos la España uniforme, centralista y jacobina de Rouco y Cañizares. Munilla -está fuera de duda- no hará política en Gipuzkoa.

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