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Tribuna Abierta

Carta abierta de Nieves Álvarez

por nieves álvarez, * Trabajadora en UNICEF-Haití - Martes, 2 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 08:23h

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AGRADEZCO la publicación de esta carta para dar a conocer mi agradecimiento personal, reconocimiento y admiración por los trabajos de la UME y los bomberos de las Comunidades Autónomas de España que han participado en los servicios de rescate en Puerto Príncipe. Mi nombre es Nieves Álvarez, trabajo como responsable de la sección de educación de UNICEF-Haití y estaba viviendo allí con mi esposo, Philippe Dewez.

Philippe fue el representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Haití hasta su jubilación en noviembre del 2009. A partir de diciembre, empezó a trabajar como consejero especial de la Minustah para asesorar al presidente Preval. Su oficina estaba junto a la oficina de Luis Da Costa, en el cuarto piso del hotel Christopher.

El día del temblor yo estaba regresando a mi casa con el auto y tuve la suerte de quedarme en una calle amplia, fuera del peligro de las casas que caían a diestra y siniestra. En vista del pánico generalizado y la réplica de los temblores, me fui caminando a mi casa, que queda muy cerca del hotel Christopher, esperando encontrarme allí con mi marido. La casa estaba intacta y ¡sorpresa! funcionaba Internet, así que lo primero que hice fue contactar a mi familia para avisar de que estaba bien. Enseguida empecé a recibir mensajes de otros familiares y amigos preocupados por la noticia. Sólo cuando pasaron dos horas y mi esposo no había regresado a la casa, me fui en su búsqueda caminando entre miles de personas desesperadas que abarrotaban la calle llena de escombros y autos dañados. Al ver la imagen del edificio caído hacia atrás fui consciente de la gravedad de la situación de mi esposo allí encerrado. Desde ese momento, en medio de la desesperación de ver a los soldados de Bolivia, Filipinas y Brasil sacando las piedras sin equipos especiales, tuve la suerte de conocer a los compañeros de la Policía Nacional y la Guardia Civil española que estaban a la espera de las noticias de Rosa y de mi buena amiga Pilar Juárez, a la que conocí hace muchos años atrás, cuando ella trabajaba en Nicaragua y yo estaba en Honduras.

Entre todos estuvimos desde el primer momento apoyándonos mutuamente, intercambiando información, consuelo y desesperación por lo lento que iban los trabajos de rescate. No recuerdo sus nombres ahora, pero sí sé que discutimos, peleamos y nos solidarizamos para que dejaran entrar a los equipos de España que iban llegando desde Santo Domingo. Entre estos estaba Salvador Muñoz, mi primo que trabaja para la AECID en República Dominicana y que se ha volcado conmigo y con los damnificados del país todo este tiempo, así como el enviado de la embajada de España en Santo Domingo, que se presentó enseguida en el lugar.

No tuve ocasión de despedirme de Alberto, Salvador, Antonio y los equipos de mujeres y hombres de la UME

Lamentablemente, mi esposo Philippe fue encontrado sin

vida una semana después de la tragedia

De todos ellos sólo recuerdo bien el nombre de Alberto, el responsable de la Policía Nacional que estaba de viaje y que desde que llegó a Puerto Príncipe un par de días después hizo la negociación incansablemente para que dejaran entrar al equipo de España, que ya habían sido rechazados de forma incomprensible por los coordinadores del campamento en dos ocasiones, argumentando que la presencia del equipo de China y Brasil eran suficientes y no necesitaban refuerzos. ¡Qué grave equivocación!

Los americanos llegaron con todo su equipo el tercer día para rescatar a una persona ilesa y se marcharon cinco minutos después, lo mismo que el equipo de China que replegó todo el campamento dos días después de trabajos intensos para encontrar a sus tres víctimas de una delegación oficial que estaban en reunión con Annabi y Da Costa en el momento del terremoto. Si ellos se van, ¿qué pasa con las otras personas encerradas todavía, quién los rescata? Por suerte, la presencia de la UME, dirigida por Antonio, y de todos los equipos de salvamento españoles, el verlos trabajar día y noche tan profesionalmente con los perros arriesgando sus vidas, metiéndose en todos los huecos posibles para encontrar a las personas incansablemente durante las 24 horas, mano a mano con el equipo de Brasil que manejaba las maquinas, me devolvió la fuerza y confianza en el rescate de mi esposo, ya que iban apareciendo huecos de vida donde las personas pueden sobrevivir un tiempo, según me explicaba Antonio.

Tuvieron además, la paciencia y el tacto humano de explicarnos a nosotros, los pocos familiares allí presentes de forma permanente, todas sus decisiones, su estrategia, sus hallazgos, dando siempre muestras de aliento y comprensión y procurando en todo momento que no nos faltara nada para comer y beber. ¡Realmente un equipo humano y profesional de excelencia!

Lamentablemente, Philippe fue encontrado sin vida el martes 20 de enero, una semana después del terremoto. Dos días después, sus hijos que llegaron a Puerto Príncipe y yo fuimos trasladados a Santo Domingo para hacer las gestiones de repatriación de mi esposo a Namur, en Bélgica, de donde era él originario, y aquí seguimos esperando y reflexionando sobre lo acontecido, fuera del caos de Haití.

Como la salida de Puerto Príncipe con el avión de la Minustah fue muy rápida y mi teléfono no funcionaba bien, no tuve ocasión de despedirme personalmente de Alberto, Salvador, Antonio con todo su equipo de mujeres y hombres de la UME, y de los diferentes equipos de rescate españoles que han estado trabajando todo ese tiempo en el hotel Christopher. Desde aquí mi agradecimiento personal y mi admiración. Gracias por todo, yo sé que hicieron lo posible. ¡No lo olvidare nunca!

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