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Hoteline Losama, de 25 años sale cantando de entre las ruinas
Varios rescatados también tras siete días, entre ellos un niño que se aferró al dedo de un familiar sepultado con él
Agencias - Jueves, 21 de Enero de 2010 - Actualizado a las 07:39h
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Hoteline Losama sonriendo tras ser rescatada de los escombros en que se han convertido la mayoría de los edificios de la capital de Haití. (EFE)
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Puerto Príncipe. Entre las miles de historias tristes que han asolado Haití en la última semana, los finales felices se suceden a estas alturas con menor frecuencia. Sin embargo, las esperanzas se fortalecieron ayer cuando los equipos de rescate sacaron bajo los escombros a una joven de 25 años entre los restos de un centro comercial de la capital, una mujer de 69 años entre las ruinas de los restos de la residencia del Arzobispo de Puerto Príncipe y a dos hermanos de 7 y 10 años.
Una "bendición" supuso para el operativo de rescate sacar a Hoteline Losama, una joven haitiana de 25 años que permaneció siete días entre los escombros de una vivienda situada en la parte superior de un pequeño centro comercial de Puerto Príncipe. Allí permaneció en un hueco formado entre tabiques y cascotes, aprisionada por un refrigerador y cerca de un cadáver. Nada más salir de las ruinas, Hoteline pidió un teléfono y marcó de memoria el número de su hermano a quien le dijo que estaba viva. "Me salvaron hermano, me salvaron. Te quiero", exclamaba.
Mientras la transportaban a la ambulancia en una camilla, la mujer entonó un cántico de agradecimiento que hizo estallar en aplausos al equipo de rescate en el que habían formado parte efectivos franceses, aunque también participaron haitianos y turcos, con el apoyo de especialistas de EEUU. "Nos dijo que contó los días que estuvo atrapada y que no dejó de rezar", explicó el médico francés de Socorristas sin fronteras, Nicolas Roy. "Hoteline Losama pasó una semana sin comer ni beber lo que muestra que es alguien de una gran fortaleza física y mental", afirmó Thiery Cerdán, responsable del grupo francés, "hay bolsas de aire que permiten a las personas sobrevivir varios días", aclaró.
Además de su deseo de vivir, quien terminó de salvarle la vida fue un guardia de seguridad del supermercado que acudió a ver el estado del local el martes por la mañana. En ese momento oyó hablar a la víctima y avisó a una radio local. Los socorristas confirmaron con perros que había "vida dentro de las piedras" y después introdujeron una cámara con una bombilla en la punta. "Hoteline, ¿ves la luz?", preguntó un bombero estadounidense en inglés. Tras el silencio del fondo de la casa en ruinas brotó alta y clara una voz femenina. "Yes, I can see the light" (Sí, puedo ver la luz), dijo claramente y en inglés.
No sólo la edad ha podido influir en la resistencia, una mujer de 69 años también fue sacada ayer entre los escombros por un grupo de voluntarios mexicanos y alemanes. Ena Zizi se encontraba entre las ruinas de la residencia del Arzobispo de Puerto Príncipe, según informó la emisora local Radio Metropole. La mujer, católica ferviente, explicó a los equipos de rescate que durante los primeros días hablaba con el vicario, también atrapado, pero que en los últimos días no le contestaba por lo que pasaba el día rezando.
Otro caso milagroso es el de una bebé de 22 días que rescató un equipo conjunto de bomberos colombianos y franceses después de permanecer atrapada bajo los escombros de un edificio en Jacmel, al sur de Puerto Príncipe
También fue una alegría los dos hermanos de 10 y 7 años que ayer salieron prácticamente ilesos tras los siete días sepultados. "Kiki, Kiki", llamaba la pequeña Sabrina a Moisés mientras los servicios de Nueva Yor le sacaban en la madrugada del miércoles. Durante todo ese tiempo el niño se aferró a un dedo putrefacto, que los equipos de rescate atribuyeron a algún familiar que quedó soterrado con ellos.
Mientras los pequeños ya estaban montados en la ambulancia que les iba a trasladar a un hospital israelí, alguien gritó: "¡Le pére, le pére!", y apareció el padre conmocionado y sin apenas poder caminar. En ese momento un bombero norteamericano reclamó al público un traductor "fluido" para poder preguntarle si eran sus hijos. "Tengo cinco hijos, creía que se me habían muerto los cinco, no sé quienes son los que están vivos, yo no lo sé", balbuceaba en francés. "¡Pero dígame si son sus hijos", se desesperaba en inglés el bombero. "¡Son sus hijos, son sus hijos!", sentenció alguien del público.
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