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Un armador de Pasaia dona diez toneladas de pescado por su bajo precio en el mercado

el banco de alimentos de bizkaia recibe la última remesa tras un negocio frustrado

Revierte el tradicional alto coste del pescado en Navidades y hoy no se pagan más de dos euros por el kilo de merluza

jorge napal - Miércoles, 30 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 07:41h

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pasaia. A los indigentes de Bizkaia no les va a faltar la merluza en el plato estas Navidades. Ayer por la mañana salía del puerto de Pasaia la última furgoneta con destino a las cámaras frigoríficas del Banco de Alimentos de Bilbao. En su interior viajaba la última remesa de marrajos, palometas negras y, sobre todo, merluzas. La carga era trasladada con rapidez por la autopista que separa Donostia de la capital vizcaína tras la enésima venta frustrada en lonja, un desencuentro que se ha convertido en el maná caído del cielo para quien más lo necesita. En dos días han salido del muelle 511 cajas de 20 kilos, nada menos que diez toneladas de pescado de las que darán cuenta muchos indigentes.

Es una imagen sin precedentes, al menos, desde el punto de vista cuantitativo, ya que se trata de la mayor cantidad de pescado que ha salido de la Cofradía de Pescadores de Pasaia con tal fin. Y si no se queda en el Banco de Alimentos de Gipuzkoa, es porque la sede del territorio no dispone de cámaras frigoríficas para conservar el género perecedero.

un enorme desencuentro Esas mismas 511 cajas contienen también una enorme paradoja, la que rodea al sector pesquero. El desencuentro por los bajos precios que se está pagando por la merluza está provocando que acabe disfrutando de ella quien ni siquiera puede costearla. "Ven, ven corriendo", apremiaba a este periódico poco antes del mediodía Jaime Tejedor, el presidente de la cofradía. Frente a él estaba a punto de salir la última furgoneta. "El pescado se estaba malvendiendo y, al menos, que lo aproveche quien más lo necesita", expresaba Tejedor.

Hasta el año pasado, cuando había un desencuentro de esta naturaleza, todo este pescado se iba a la basura, en concreto, al vertedero de San Marcos. Desde su clausura, una empresa recoge los desechos orgánicos en la misma lonja de Pasaia, aunque desde este año es el Banco de Alimentos vizcaíno el que brinda, al menos, la posibilidad de aprovechar el género cuando no dan las cuentas.

"¿Quién es capaz de regalar hoy en día pescado como éste?", expresaba el presidente de la cofradía. Enarbolaba la defensa del sector posando su dedo índice sobre los lomos de unas piezas que rondaban el kilogramo la unidad. No llegaban a ser medianas, más bien, lo que los pescateros denominan medianillas, por las que no se paga ni dos euros el kilo, lo que provoca que se retiren de la circulación. "Ni hace treinta años se daban las 300 pesetas de ahora al cambio", denunciaba el presidente.

En esencia, no se trata de un gesto altruista sino más bien de la única salida que encuentra un sector en horas bajas, barcos que han optado por parar el pescado por unos niveles de venta subterráneos. Desde febrero no han levantado cabeza.

En dos días han salido del muelle 511 cajas de veinte kilos que se regalan tras no llegarse a un acuerdo de venta

Jaime Tejedor asegura que los precios de la merluza de estos días no se producían ni siquera hace décadas

Los arrantzales

Los buques que han capturado esas diez toneladas tienen bandera francesa, pero sus armadores son pasaitarras, algo que viene ocurriendo desde que el Estado entró en la UE. Quien se mete en este negocio sabe que un arrastrero con bandera gala goza de una mayor cuota de pescado, y por eso el muelle de Pasaia está a rebosar de barcos franceses, como el Ronsard, Melodie, Gure Ametsa, Armor y Albator, amarrados ayer por el parón navideño. En total son 17 buques los que operan en Pasaia, con una tripulación portuguesa que disfruta de las vacaciones en su país tratando de olvidar las difíciles condiciones en las que desempeñan su labor.

En la mar no se percibe la crisis. No existen ERE, ni falta ningún puesto de trabajo, más bien al contrario. Pero la verdadera dimensión del fenómeno la toman los arrantzales cuando ponen el pie en tierra, y no hay manera de dar salida al género capturado.

lo nunca visto "Nunca en la vida se había dado lo que estamos viviendo", asegura un arrantzale con años de oficio. No era extraño hasta hace algún tiempo que un barco hiciera durante las Navidades cajas de 32 millones de pesetas. Muchos de los pescadores siguen pensando en ellas, como si el euro no fuera todavía una moneda de curso legal. Lo hacen al rememorar otras épocas en las que se vendía el kilo de pescado a 3.000 pesetas, cuando ahora hay que restarle un cero a las ganancias. Aseguran que cobrar un 20% menos que hace diez años no es ninguna pataleta del gremio, sino más bien una situación "intolerable".

Lo cierto es que en Navidades el precio ya no se dispara como antaño, y hay armadores que están parando la actividad. El efecto de todo ello será palpable tras el parón festivo. Tejedor se mostraba ayer convencido de que el pescado habrá duplicado su coste en cosa de diez días, "porque no va a haber nada que vender". Y el que hay se va para los pobres. Alejandro Costas, integrante de una de las grandes familias de armadores de Pasaia, era quien cargaba ayer las toneladas de merluza. "Esto no ha ocurrido en la vida", insistía hasta la saciedad el hombre con un sentimiento de pérdida compartido. Costas trabaja ahora como representante de La Paloma, la empresa armadora en la que se incluyen los cinco barcos con bandera francesa amarrados en el muelle.

Este periódico acompañó al hombre al bar Botero de San Pedro, junto a la Iglesia, reducto de arrantzales donde desahogan su pesar trasegando vino tinto. Al encuentro asistió también el armador de los buques, Antxón Cormán, de 47 años, que lleva más de una década en el negocio y tampoco da crédito a lo que ocurre. "Ha habido situaciones graves, pero como este año, nunca", confiesa este pasaitarra, que juzga inadmisible la venta del kilo de pescado por debajo del euro.

Cuando la operación se va al traste, es el Estado galo el que le cubre las espaldas. Francia financia el 3% de la producción anual -hasta 25.000 kilos por barco al año- que el armador se ve obligado a retirar del mercado por falta de acuerdo a la hora de establecer el precio de mercado. Y ese desencuentro es el que provoca estos días que los inspectores franceses sigan con celo el destino de cada una de las cajas retiradas al Banco de Alimentos. Francia cubre el gasto, pero vigila al extremo cualquier salida fraudulenta.

José Manuel López, mayorista con cuatro décadas de experiencia a sus espaldas, echaba la persiana al negocio con la irreprimible sensación de que lo peor todavía está por llegar. "La merluza tiende a la baja, y la verdad es que jamás había visto tirar el pescado a la basura, como se ha venido haciendo". Las cuentas no salen. No puede entender dónde reside un negocio basado cada vez más en la importación de merluza proveniente de Chile. Traerla supone un coste de avión de dos euros el kilo, cuando luego no se vende a menos de tres en mercado. "No entiendo dónde queda el beneficio", confiesa, por más vueltas que le da a la cabeza.

las claves

Una nueva paradoja. Nadie paga un euro por la merluza, incluso se llegan a tirar ingentes cantidades de ella a la basura tras frustrase un negocio y, sin embargo, la especie vive sometida a un plan de reestructuración. ¿Acaso en vías de extinción? Los armadores discrepan y saben que los informes científicos que radiografían la supervivencia de cada especie se basan habitualmente en los testimonios ofrecidos por los patrones de pesca, siempre tan remisos a detallar la verdadera trastienda del fenómeno, en un deseo de preservar un conocimiento adquirido tras largos años de oficio. Por ello, este tipo de estudios "van dando palos de ciego, y siempre se sitúan por detrás de la realidad", aseguraba ayer sin ambages el armador Antxon Cormán, convencido de que "este tipo de decisiones que determinan lo que hay que pescar o no responden más bien a motivos políticos que científicos".

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