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La psicóloga Yolanda Benito alerta sobre la necesidad de abordar a tiempo las necesidades que presentan los niños con alta capacidad, consciente del fracaso escolar que ronda sobre la mitad de ellos. Precisa, no obstante, que no se trata de buscar adultos excepcionales, "sino niños felices"
Jorge Napal - Martes, 15 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 07:45h.
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La psicóloga Yolanda Benito. (Foto: n.g.)
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donostia. La asociación de ayuda a niños y jóvenes que presentan altas capacidades acaba de nacer en Euskadi, y sus promotoras no dejan de asistir a un goteo constante de nuevos casos. Una semana después de que NOTICIAS DE GIPUZKOA diera a conocer la puesta en marcha de esta iniciativa, promovida por un grupo de padres de niños con altas capacidades con la intención de ser un referente informativo sobre la superdotación intelectual, un número creciente de familias y profesores siguen mostrando un creciente interés. La psicóloga Yolanda Benito, que atesora dos décadas de experiencia en este campo, ofrecerá para todos ellos el jueves a las 18.30 horas en la biblioteca Doctor Camino de Donostia una charla con un aforo ya agotado.
¿Se trata de un realidad tan poco conocida?
No lo creo. Existe una legislación al respecto que sienta las bases de una educación específica para este sector de población, y que data de 1995. Estamos hablando de un número de casos respetable, del 2,2% de la población. Es decir, de cada 30 niños, puede haber uno en el aula.
Pero la mayor parte de ellos no está diagnosticado.
Desde luego que no se detectan los casos que se deberían, pero no creo que se trate de una realidad poco conocida, puesto que la propia ley ya recoge la necesidad de una identificación temprana de estos alumnos desde hace más de una década.
¿Pero es suficiente?
La normativa es prioritaria, fundamental, pero es verdad que su aplicación tiene todavía un largo camino por recorrer, algo en lo que estamos trabajando las asociaciones, familias y profesionales que operamos desde diferentes puntos de vista en este campo.
¿Y cuál es el principal escollo? ¿El desconocimiento?
No, ya no lo es tanto, puesto que antes no se impartían ni en las carreras de magisterio ni en las de psicología las asignaturas relacionadas con niños que presentan superdotación intelectual. Hoy en día, en cambio, es algo que se imparte en todas las carreras. Es decir, existe un mayor conocimiento, existe formación, pero sigue faltando la aplicación de todas esas medidas en la escuela del día a día.
Ha comentado en dos ocasiones que lo que falta es la aplicación de medidas. ¿En qué se traduce esa asignatura pendiente?
Hace falta mayor implicación de todos los organismos que tienen que ver con la educación dentro de las escuelas. Tanto en el ámbito de la identificación, como en la toma de medidas que cada niño necesite.
¿Cuáles pueden ser las secuelas para un niño que no es identificado como superdotado a tiempo?
Es preciso indicar que si todo esto está legislado, no es porque se trata de una opción, sino de una necesidad. Es lo mejor que se puede hacer por un niño, y cuando esa atención falla, las secuelas pueden ser de lo más variado.
¿Cuál suele ser la más habitual?
El bajo rendimiento y el fracaso escolar de los niños, que afecta al 50% de la población. Un chico que no tiene ningún hábito, que ha dejado pasar cursos sin ningún interés ni motivación porque no le atrae nada de lo que escucha en clase, cuando llega a cuarto de Secundaria, Bachiller o la universidad, ¿cómo vas a conseguir que se esfuerce si no lo ha hecho en Primaria? Es muy complicado que se pongan a estudiar, y es una pena que no lo hagan después de haber tenido unas necesidades educativas concretas que no han sido aplicadas durante todo su desarrollo escolar.
Es paradójico que un niño de alta capacidad acabe en esa situación, pero es cierto que puede acostumbrarse a no hacer el mínimo esfuerzo, y lo acaba pagando.
Claro. Si se ha pasado siete años sin ninguna motivación, es muy difícil levantar todo eso en un curso. El fracaso escolar es muy duro en estos casos, sobre todo porque los padres no saben lo que ha pasado.
Se les tiende a tratar como si fueran adultos, cuando no dejan de ser niños. ¿Cómo buscar el equilibrio?
Es cierto que estos chavales presentan un nivel intelectual y razonamiento que puede llevar a engaño con respecto a su nivel emocional. Hay lecturas o películas que, por ejemplo, aunque ellos pueden entender, no deberían ver. Sí, no hay una sincronía entre el desarrollo emocional y edad mental de estas personas, por eso es algo que se debe tener en cuenta en su educación.
¿Los padres se encuentran muy perdidos?
Sí, sobre todo cuando se encuentran con este tipo de situaciones. Cualquiera puede imaginarse la preocupación que pueden vivir unos padres que tienen un niño de tres años, que ya sabe leer, pero que está muy desmotivado porque no aprende. Además, cuando les habla a sus compañeros de lo que le interesa, al resto no le importa lo más mínimo. El niño, claro está, acaba sintiéndose triste. ¿Cómo se sentiría cualquier padre ante esta situación? ¿Qué haría?
Respóndase.
Pues lo primero es que el hijo no lo pase mal en el colegio, más allá de que pueda ser brillante o no. Todos los padres se encuentran ante la misma situación, que los intereses de sus hijos no se corresponden con los de su entorno, que no se desarrollan igual que el resto, y por eso el niño no es feliz.
Usted atiende a niños que presentan estas características desde hace ya dos décadas. ¿Cómo resumiría el modelo de atención que precisan?
No se trata de hacer adultos excepcionales, sino niños felices. Ése es el verdadero objetivo. Estamos hablando de un campo muy amplio y heterogéneo, en el que no hay más que tener en cuenta el nivel intelectual de estos niños, que oscila entre 130 y más de 200 de coeficiente intelectual (CI). Es decir, hay una diferencia enorme entre ellos, y si además le sumas las características emocionales que presenta cada uno, el abordaje se hace todavía más complicado.
¿Se pueden dar consejos con carácter general?
Los padres son los primeros en darse cuenta de que algo anómalo ocurre. No saben si sus hijos son o no superdotados, pero sí ven que las preguntas que realizan no son propias de su edad. Es decir, un niño con alta capacidad puede preguntarles a sus padres con tan sólo año y medio por qué las hojas cambian de color. También aprenden los números y los colores de una forma funcional a una edad muy temprana. Si los padres perciben este tipo de diferencias respecto al desarrollo y aprendizaje del resto, deben ponerlo cuanto antes en conocimiento de los tutores para que se pueda identificar lo antes posible.

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