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Antonio Duplá, escritor, miembro de Zutik y profesor de la UPV

"Toda la izquierda radical debe reflexionar hasta ver el dolor de las víctimas sin etiquetas políticas"

Álvaro González - Lunes, 14 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 13:25h

Antonio Duplá, escritor, miembro de Zutik y profesor de la UPV

Antonio Duplá, escritor, miembro de Zutik y profesor de la UPV (J.M.)

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Vitoria. Desde su larga experiencia como militantes de Zutik –partido que ha pedido el voto para la izquierda abertzale tradicional hasta después del proceso Batasuna, en el año 2000–Antonio Duplá y Javier Villanueva coordinan ahora un proyecto ambicioso que ha tomado forma de libro y que pretende agitar muchas conciencias hasta conseguir que les acompañen en el abrazo a las víctimas que les deben algunos sectores de esta sociedad.

¿Qué se va a encontrar quien se acerque a este libro?

Pues una reflexión que aborda el tema de las víctimas del terrorismo desde un determinado punto de vista. Los editores de esta obra pertenecemos a una corriente política de la llamada izquierda radical o revolucionaria, que se puede identificar con EMK y luego con Zutik. Nosotros hemos sido críticos con ETA desde hace mucho tiempo. Sin embargo no hemos sabido apreciar, valorar y tampoco responder ante algunas de las consecuencias más trágicas de su actividad, sobre todo ante el dolor causado a las víctimas. Por eso, el libro quiere cubrir ese déficit y ser una herramienta de trabajo que alimente esa reflexión y contribuya al debate sobre los problemas relativos a la relación entre la izquierda y la violencia. Del mismo modo, también queremos invitar a pensar sobre los problemas de la sociedad vasca en su relación con la violencia y en particular con las víctimas, porque así aunque una inmensa mayoría está en contra de la violencia de ETA, no siempre lo traduce en un posicionamiento de solidaridad activa. Queremos invitar a pensar muy despacio y con serenidad qué ha implicado ETA durante tanto tiempo y repasar las fisuras éticas y morales que existen en esta sociedad de la mano de su actividad y de la gente que todavía hoy la entiende o la justifica.

¿Está enferma la sociedad vasca?

Sí creo que hay cierta patología ética, lo que me parece paradójico en una sociedad como la vasca, opulenta, con unos niveles de vida punteros en el mundo occidental, pero que sin embargo mantiene en su interior el anacronismo de un terrorismo supuestamente liberador. Ante esta realidad, sí creo que es una actitud enfermiza que buena parte de esta sociedad haya mirado hacia otro lado para no ver el dolor de las víctimas del terrorismo de ETA, que es el que sigue actuando, pero también lo hicera ante, por ejemplo, el de los GAL.

¿Cree que todas las sensibilidades políticas comparten el diagnóstico de esa enfermedad?

Lo que parece inmensamente compartido es que es necesario que ETA pare, incluido dentro del mundo abertzale. Lo que pasa es que las reflexiones que hasta ahora ha habido en este mundo se mueven en un terreno político pragmático. Responden a un planteamiento que se limita a cuestionar si la actuación de ETA es más perjudicial que beneficiosa, y concluir si, en función de ese análisis, sería mejor que lo dejara. Pero creo que todavía no hay la necesaria reflexión de ética.

¿Qué trayectoria han seguido sus evoluciones ante los efectos que produce la violencia?

Nuestra reflexión crítica sobre ETA viene de muy antiguo, lo que pasa es que quizá era una crítica relativamente ortodoxa. Nosotros nos colocábamos en una trinchera en la que, pese a todas nuestras críticas y nuestra distancia, seguía estando ETA, porque enfrente estaba el Estado y nos parecía más importante posicionarnos contra su represión que exteriorizar nuestras críticas contra esta organización. Incluso nos hemos caracterizado durante mucho tiempo por pedir el voto para HB, por intervenir en Euskal Herritarrok o por mostrar nuestra solidaridad con los presos. Pero cuando entiendes que eso era ver sólo el sufrimiento de las víctimas de un lado, y ves además la creciente sinrazón y crueldad de ETA, se van produciendo las evoluciones y las reflexiones a nivel individual que llegan por ejemplo de preguntarse cómo es posible que los integrantes de la izquierda revolucionaria hayamos fomentado la solidaridad activa con las víctimas en otros conflictos distantes y no lo hayamos hecho aquí.

En 2004, tras la declaración de Anoeta, usted percibió que al menos se reconocía la existencia de víctimas multilaterales. ¿Ve a día de hoy que este sector avance hacia una comprensión más amplia del dolor?

Pienso que todavía hay un terreno muy largo por recorrer y muchas veces aún se descalifica al mundo de las víctimas porque supuestamente está manipulado por el PP. No niego que, sobre todo en un determinado momento, haya habido asociaciones muy manipuladas por el PP. Pero las propias víctimas son las primeras que están en contra precisamente de esa utilización partidista, y lo que piden –siempre de una manera muy serena– es justicia, reparación, reconocimiento. Por eso creo que por parte del mundo de Batasuna todavía hace falta una reflexión que le lleve a ver el sufrimiento concreto de personas concretas, y a hacer sus análisis desde un prisma no polítizado, libre de etiquetas, porque su mundo es aún demasiado blanco o negro. Yo recuerdo unas declaraciones de Arnaldo Otegi en las que reconocía que es imprescindible admitir el sufrimiento de todos, pero no he visto que esa idea tuviera continuidad.

Otra de las reflexiones que están sobre la mesa es qué papel deben tener las víctimas. ¿Escuchándolas ha llegado a alguna conclusión?

Yo creo que habría que hacer caso simplemente a lo que ellas piden, que no es tener ningún protagonismo político concreto, sino ver reconocido su dolor. A partir de ahí, ellas mismas dicen que hay víctimas de todos los colores políticos, y por tanto el movimiento de víctimas no puede tener una adscripción ideológica como tal, ni ningún partido político puede apropiárselo. Una víctima no adquiere una cualificación política particular por serlo, pero lo que sí es necesario para que se haga justicia y se avance hacia la convivencia es que su voz sea escuchada. Y el hecho de que casi nunca la hayan levantado con odio creo que es algo que habrá que agradecerles siempre.

¿Cree que la sociedad vasca avanza hacia ese camino de convivencia?

Todo lo que sea acercarse a las víctimas será un avance. Y lograr, por ejemplo, que las víctimas de los diferentes terrorismos se conocieran será muy interesante. Las que ya lo han hecho cuentan cómo les impactó, porque pudieron darse cuenta de que compartían sus sufrimientos. De cara al futuro, yo creo que la perspectiva tiene que ser ésa, inclusiva, cercana, aunque está claro que avanzar en ese camino será difícil mientras ETA siga estando presente. A título individual, la contribución más importante puede ser precisamente acercarse; participar en todos los actos que se pueda, aunque sean pequeños, porque escuchando los testimonios de las víctimas en su propia voz convierte en mucho más fácil que ellas sientan nuestro apoyo y que nosotros tomemos conciencia y participemos en la solución de este problema.

 

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