Publicidad
Herramientas de Contenido
[Entrar | Registrarse]
Las consultas celebradas ayer en 116 municipios, nacidas de la iniciativa civil y democrática,
son consecuencia de la indignación de la ciudadanía a la que se le niega su voluntad soberana
Lunes, 14 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 07:33h
votos
comentarios
LA normalidad -ésta sí en sentido estricto- presidió ayer, como no podía ser de otra manera, la jornada en Catalunya, donde cerca de 700.000 ciudadanos estaban llamados a las urnas en 116 municipios en las que se ha dado en llamar consultas soberanistas o independentistas. "¿Está usted de acuerdo con que Catalunya se convierta en un Estado de Derecho independiente, democrático y social integrado en la Unión Europea?" Ésta era, literalmente, la pregunta a la que 200.000 catalanes respondieron ayer que sí. En las urnas. Más allá de la participación y de la interpretación de los resultados, hay varias cuestiones de relevancia que PSOE, PP y las instituciones, sobre todo el Gobierno español, deberían tomar en cuenta si no quieren correr el riesgo de ignorar una realidad que, aunque les supere, no deja de estar presente, y no sólo en Catalunya. Pero eso es algo que está por ver, aunque, como en tantas ocasiones, las reacciones no auguran un necesario cambio de actitud. Ya lo evidenció el propio Rodríguez Zapatero, que quiso despachar el asunto con su habitual displicencia en estos casos al asegurar que las consultas "objetivamente, no van a ningún sitio". Sabiendo perfectamente que su papeleta, en efecto, no tenía validez jurídica vinculante, 200.000 catalanes acudieron a opinar. A depositar su papeleta, como se hace en democracia. Si algo ha puesto de relieve esta iniciativa civil, ciudadana, popular y absolutamente democrática es que las aspiraciones de un pueblo no pueden ser permanentemente ignoradas, ocultadas o simplemente frenadas a la fuerza. Catalunya vive en los últimos años, y sobre todo en los últimos meses, en una convulsión derivada del desprecio con el que se ha tratado su voluntad soberana, expresada en su voto al Estatut, y que, si no cambian mucho las cosas, el Tribunal Constitucional podría tumbar. No cabe duda de que las consultas de ayer son consecuencia de este estado de ánimo de los catalanes, indignados por esta situación. Y es muy posible que la en principio considerada anécdota de Arenys de Munt y su continuación no sea más que el principio de algo más. Como recordaba ayer mismo la prensa internacional, los "deseos de emancipación" de Catalunya, Euskadi, Flandes y Escocia están latentes. Las consultas de ayer no son sino el termómetro de una situación.
Gracias por su comentario
Publicidad
20:46
20:43
20:30
20:15
La oposición exigirá a Bildu que elabore un plan de activación económica
Piden concretar el futuro de proyectos como la gestión de residuos, el puerto exterior de Pasaia o Tabakalera.
19:44
19:53
Publicidad
Publicidad