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Ángel Amaro es uno de los empleados más veteranos de Porcelanas Bidasoa, tras permanecer desde 1970 hasta hoy. En este tiempo ha vivido el auge y la caída de una empresa, donde conoció a su mujer, que también trabaja en la agonizante firma.
Aitor Anuncibay
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Ángel Amaro posa durante la conversación que mantuvo con este diario. (Foto: ainara garcia)
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ORINALES. Ésas fueron las piezas que Ángel Amaro pensó que debía fabricar cuando le contrataron en Porcelanas Bidasoa allá por 1970. Era un muchacho de 17 años necesitado de empleo, aunque la perspectiva laboral no le estimuló demasiado. "Cuando entré en fábrica me dijeron que iba a estar en una máquina. Lo primero que vi fueron unas piezas semirredondas con asas pequeñas, y pensé: ¿Me voy a dedicar a hacer orinales?, ¿A quién le cuento yo esto?", recuerda. Amaro descubrió que los inquietantes recipientes eran en realidad soperas, muy demandadas en aquella época, por lo que se tranquilizó y aceptó el empleo.
La empresa contaba entonces con una plantilla de 500 personas, que trabajaban a destajo para cumplir con los cientos de pedidos realizados a la prestigiosa marca de porcelana fina.
Oriundo de Ciudad Real, Amaro explica que en la factoría "había más mujeres que hombres", aunque, en una costumbre muy extendida en la época, cuando "ellas se casaban dejaban de trabajar". "En 40 años que llevo en la empresa ha ido pasando mucha gente, sobre todo jóvenes. El ambiente era bueno al principio", expone Amaro.
En esa primera etapa en la firma irundarra conoció a su mujer. Eran momentos en los que, además del duro trabajo, también encontraban pequeños huecos para "estar tonteando" y festejar los cumpleaños de compañeros. Hasta que los problemas empezaron como "en todas partes, con favoritismos y malos rollos".
En su caso concreto, siempre se ha sentido "poco valorado", aunque reconoce que su carácter "especial e inconformista" le ha podido perjudicar. "Si hubiese sido de otra manera me habría ido mejor. Me he tirado en la misma máquina unos 33 años, día tras día. Han pasado chicos, les enseñaba y el que me quedaba era siempre yo. Era un sitio de trabajo malo, con mucho calor, sin ventilación; me costó mucho que pusieran un extractor", lamenta Amaro, quien durante más de tres décadas ha estado en la sección de alfarería, tiempo que no quiso desaprovechar para crecer formativamente y dedicó a obtener los estudios superiores de Magisterio.
egoísmo
Convenio
Los verdaderos "problemas serios empezaron a partir de los años 90. A su juicio, las direcciones que ha tenido la empresa "no han sido las adecuadas". "Cuando una empresa va mal no es culpa de los trabajadores porque no tienen capacidad ni de hundirla ni de levantarla. Ha habido demasiados intereses personales y egoístas. No han venido a relanzar la actividad realmente", sostiene este hombre que el próximo jueves cumplirá 57 años.
Las batallas internas las conoce de primera mano, ya que durante 17 años estuvo en el comité de empresa. "Porcelanas ha sido un sitio donde nunca se ha ganado mucho; nos costó entrar en el convenio de cerámica de Euskadi. Hemos estado cobrando por debajo durante mucho tiempo para seguir dando viabilidad a la empresa, y ves que las cosas no van por donde tienen que ir", rememora Amaro, cuyas manos han torneado millones de piezas salidas de la fábrica.
"Durante años, en la empresa ha habido demasiados intereses personales y egoístas"
"No es lo mismo comer en un plato de Porcelanas; es diferente al tacto y a la vista"
Por eso, cree que "hay gente que ha trabajado muy duro por este proyecto, que se lo ha creído y para ellos tiene que ser una decepción muy grande" observar cómo se cierra de forma definitiva la empresa.
El desacierto en la línea de mercado es una de las claves que, en opinión de este trabajador, han minado la salud económica de la firma guipuzcoana. "Hay un momento en que el mercado se satura de toda clase de productos. Hace unos quince años fue cuando lo empezamos a ver; en todo hay mucha competencia", afirma.
La visión de Amaro es que Porcelanas debería haber orientado su negocio a un nivel de clientela que aprecie la porcelana de calidad, aunque "en los últimos años "se han hecho muchas chapuzas". "No se ha trabajado mal pero sí ha habido un descuido bastante grande en cuanto a mantenimiento de máquinas y controles de calidad. Han ido dejando morir la empresa. Si realmente hubieran trabajado para mantenerla se habrían quedado con un mercado pequeñito y de calidad", asegura Amaro.
El verdadero toque de distinción de los productos salidos de la factoría irundarra debería haberse basado en su tradicional calidad, cree. "La materia prima es mejor y los hornos de cocción tienen unas temperaturas controladas. El esmalte ofrece un blanco más cristalino que en otros sitios; el acabado en general es mejor y los diseños son más perdurables en el tiempo", describe con pasión este empleado, cuya confianza en el futuro de la empresa se esfumó años atrás.
consumidores
Tacto
Pero esas cualidades visuales y táctiles han pasado desapercibidas para millones de consumidores, más preocupados por no dañar sus bolsillos que por disfrutar de la porcelana fina. "Vas a un hipermercado y tienes vajillas por 20 euros, pero la calidad es inferior. Cuando a ti te gusta algo y lo conoces, sabes distinguir. No es lo mismo comer en un plato de Porcelanas; es diferente al tacto y a la vista. Sabes que debajo está su sello, es algo psicológico. Insisto en que hay un mercado para todo, y el destinado a esta empresa se ha descuidado", expresa con tristeza.
Abocado a la clausura del negocio al que ha dedicado la mayor parte de su vida, el futuro de Amaro y su mujer presenta momentos de incertidumbre y claroscuros, ya que hasta los 61 años no pueden jubilarse, y ahora tienen 57. Si no encuentran otro empleo, prevén sufrir "dos años malos", una vez que se les agote el subsidio de desempleo y, quizá, deban recurrir a la indemnización que esperan cobrar próximamente.
"Por un lado, estoy encantado porque nunca ha sido fácil mi situación laboral, pero por otro estoy triste porque son muchos años en el mismo trabajo", destaca Amaro con un ligero toque melancólico.
Los azares de la vida le han proporcionado justo en los últimos instantes los momentos de mayor calidad laboral gracias al buen hacer de la actual encargada de su sección. "Es una persona joven, trabajadora, preparada, educada y que sabe tratar a la gente. En 40 años no me ha tocado nada así. Cuando más a gusto he trabajado ha sido con ella", afirma.
A partir de enero, Amaro y su mujer dejarán atrás toda una vida de vivencias surgidas en torno a la porcelana a la espera de que el porvenir les done el sosiego del que han carecido en Porcelanas durante los últimos años.
Gracias por su comentario
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