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Desde Pasajes supervisan la segunda fase de la remoción de los restos del "Maro" que todavía yacen bajo el agua. Comenzó este verano, pero se ha interrumpido hasta el próximo para aprovechar
el buen tiempo. Han rescatado ya cuatro puertas de escotilla de 13 toneladas cada una.
A.U.S.
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Un operario de la empresa que realiza las labores de remoción de los restos sumergidos del "Maro" posa junto a la tapa de escotilla rescatada del fondo del mar. (Foto: n.g.)
Vista:
la agonía del buque Maro, ése mastodonte de 96 metros de eslora que se convirtió en noticia al encallar el 6 de marzo de 2008 contra los acantilados de Jaizkibel fue larga, casi interminable. Cinco meses duró la retirada de los restos que el mar iba depositando a golpe de ola sobre las rocas. "Era una operación muy complicada", recuerda Josu Gotzon Bilbao, capitán marítimo del Puerto de Pasajes.
Una vez concluida, cuando los operarios de la empresa de Santurtzi que llevaban 160 días al pie del cañón limpiando los acantilados de desperdicios pudieron regresar a casa, parecía que el trabajo ya había terminado. "Pero sólo era la primera fase de la remoción de los restos", señala Bilbao. Todavía quedaban una cuantas toneladas de chatarra bajo el mar. Parte de lo que fue el Maro, ahí sigue hoy día.
En el exterior, sin embargo, entre rocas y el acantilado, nada hace apreciar que hace unos meses, un barco con bandera de Antigua y Barbuda (Antillas) que se dirigía desde Baiona a Pasaia en lastre para cargar chatarra, no llegó a su destino. Encalló a dos millas (3.704 metros) del Cabo Higuer, entre Hondarribia y Punta Turulla.
remoción
Pieza a pieza
Como dice con cierto orgullo el capitán de Pasajes, a muchos mendizales conocedores de la zona les resulta difícil determinar en qué lugar exacto embarrancó. Todo gracias a que, en su momento, se decidió, dadas las características ambientales del lugar, "usar un método más rudimentario, en vez de meter maquinaria pesada hasta la línea de las rompientes" para evitar el menor impacto ambiental posible.
La chatarra fue retirada "vía aérea" con la ayuda de un cable de 30 milímetros enganchado a dos excavadoras situadas a 30 metros de altura. De esa forma se salvaban unos 110 metros de rocas afiladas.
La primera fase concluyó con el repoblado del manto vegetal que cubría la zona y el restablecimiento de la pista forestal que arribar hasta ese punto del litoral guipuzcoano. A pesar de todo ese trabajo realizado, la verdad es que todavía quedan huellas invisibles del accidente del Maro bajo el agua. Ahí siguen un año y siete meses después.
United Marine Management, la armadora estona del Maro, sufraga a través del seguro todos los gastos que conllevan la remoción de los restos, una operación supervisada de cerca por la Capitanía Marítima de Pasajes. Este verano han comenzado ya con la segunda fase.
segunda fase
Bajo el agua
"Si en la primera dependíamos de las corrientes de marea, de la pleamar y bajamar para llevar a cabo la tarea, ahora dependemos de las condiciones meteorológicas", explica Bilbao. Por tanto, sólo pueden trabajar "en la ventana estival". Los submarinistas deben localizar las piezas, cortarlas, soldarlas e izarlas mediante una embarcación especial, para luego llevarlas a puerto. No es una tarea fácil, ni mucho menos. Sobre todo, porque las piezas que hay hundidas tienen un tamaño considerable.
Este verano han rescatado del fondo cuatro tapas de escotilla -que dan acceso a las bodegas- de unas 13 toneladas cada una. La imagen que acompaña a este reportaje habla por sí sola. Además de estas piezas, en el fondo yace un costado de la estructura de la nave.
El capitán de Pasajes afirma que están ya preparando el programa de trabajo que les permita concluir, de una vez por todas, con la remoción de los restos del Maro entre primavera y verano, siempre que la mar dé su beneplácito a estas tareas.
No lo hizo cuando hubo que decidir qué hacer con un barco que había encallado cuando la mar estaba en quietud y el viento soplaba del Sur. Nada hacía presagiar que, en pocos días, un temporal con olas de ocho metros de altura y un rachas huracanadas de viento, hiciera imposible remolcar el Maro. A merced de las olas, aguantó cuatro días hasta que se fracturó en tres secciones, derramando 54 toneladas de gasoil y 2,6 de aceite para desesperación de los técnicos de Salvamento Marítimo que aún veían posible evitar el vertido.
Gracias por su comentario
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