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Mientras aguardan a que la UCI se pronuncie sobre la licencia ProTour del Astana para trazar definitivamente su futuro, Alberto y Fran Contador atienden a NOTICIAS DE GIPUZKOA tras la disputa del Critérium de Cancún, donde ambos disfrutaron, además, de unas pequeñas vacaciones
Alain Laiseka - Domingo, 1 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 10:37h.
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Los hermanos Fran y Alberto Contador, manager y ciclista, se saludan en México. (DEIA)
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donostia. Rondando la medianoche, apenas seis horas después de que Alberto Contador ganara el Critérium de Cancún, en el faraónico lobby del hotel Gran Caribe Real quedan desperdigados una decena de yanquis ebrios, empapados en tequila, barítonos entregados al frenesí y al exceso de la noche, y, en una esquina, dos chavales que juegan al ping-pong. Son el propio Contador y Benjamín Noval, el ciclista asturiano al que Bruyneel y Armstrong castigaron su lealtad al madrileño con el destierro competitivo, pues desde que corriera el Dauphiné Libéré junto a Alberto no ha vuelto a colocarse un dorsal. Así quema el tiempo el ganador del Tour, el mejor ciclista del mundo, durante sus vacaciones en el Caribe; juega al tenis de mesa, al fútbol, al futbolín, a voleibol, al billar… Es incansable. Insaciable. Alcalino. "Siempre fue un chico inquieto", desvela Fran, hermano mayor y manager del corredor. "También competitivo. Siempre, desde niño, tenía que ganar a todo". Apenas ha cambiado. "De Cancún se va con la espina de no haber sido el mejor al ping-pong. A eso le gano yo", bromea Fran.
La entrevista con los Contador, Fran y Alberto, es en el vuelo de regreso a Madrid. Hermano mayor y hermano pequeño abandonan la hermética exclusividad de la primera clase, recorren los pasillos del avión y se aposentan provisionalmente en la fila 30. Por la ventanilla se pierde a lo lejos Ciudad de México, su océano de luces que titilan en la noche. Fran vuelca su cuerpo sobre el reposabrazos, Alberto juega con el cinturón de seguridad.
¿Alberto fue siempre tan inquieto?
Fran Contador: Sí, desde niño. En cuanto tenía un minuto, en cuanto le dabas un metro, se escapaba para jugar a cualquier cosa, pero siempre era algo relacionado con el deporte.
Alberto Contador: Me gustaba y me sigue gustando poco perder el tiempo. Siempre trato de aprovecharlo. También las oportunidades que se me presentan. Están para eso.
F.C.: Yo creo que nuestra madre se desesperaba un poco con él (Alberto sonríe con malicia).
A.C.: Sí, yo también lo creo, pero como todas las madres con sus hijos. Había, sigue habiendo, momentos en los que se quejaba porque no paraba. He sido revoltoso, por lo menos algo más que mi hermano, pero no te vayas a pensar, tampoco nada del otro mundo.
F.C.: Claro que yo era menos travieso. Soy el hermano mayor. Aunque no recuerdo haber tenido que llamarle nunca la atención o abroncarle. ¿Un episodio de su inquietud? Ja, ja. Creo que lo hemos contado alguna otra vez, pero el que siempre me viene a la cabeza es el de aquella noche en la que Alberto estaba saltando sobre el colchón de la litera de arriba. No paró hasta que se cayó, se hizo una enorme brecha y mis padres tuvieron que llevarle a urgencias.
A.C.: Ya me acuerdo (la sonrisa de pillo otra vez).
F.C.: Pues el caso, lo que más me sorprendió, es que vino todo contento del hospital porque le habían cosido la cabeza.
A.C.: Claro, me habían puesto puntos (ríe abiertamente).
Era y es inquieto. ¿También fue siempre tan competitivo?
F.C.: Sí, sí. De pequeño tenía que ganar siempre a todo. Ahora también. En los días que hemos estado de vacaciones en Cancún, por ejemplo, le he ganado todas las partidas al ping-pong…
A.C.: Sí, pero al fútbol, al futbolín y al billar he ganado yo.
F.C.: ¿Ves? Encima se va con la espina de no haber sido el mejor al ping-pong.
Inquieto y competitivo. Es un perfil personal que luego traslada a la carretera, porque sobre la bicicleta proyecta la imagen de un ciclista impetuoso y tremendamente ambicioso.
A.C.: Puede ser así. Hay cosas en las que soy muy ambicioso, como en la bicicleta, donde siempre salgo a ganar. Pero en otros aspectos de mi vida… En mi vida también soy competitivo, aunque no de la misma manera ni al mismo nivel que en el ciclismo.
La ambición, la competitividad, le ha llevado, entre otros aspectos, a la cima del ciclismo, mientras que el ímpetu, la inquietud, la precipitación, le han hecho incurrir en errores. Acuérdese de la París-Niza.
A.C.: Sí, puede ser. Siempre se cometen errores que a toro pasado te sugieren otra forma de actuar, otra táctica. Aquel día de la París-Niza (Alberto iba de líder tras atacar poderoso en la subida a la Montagne de Lure y lo perdió todo en una etapa tras desplomarse) hablé con Luis León para que él ganara la etapa, pero luego… Cuando lo analizas siempre piensas que le podías haber dado la vuelta a la situación. De todas formas, igual que hay veces en las que me precipito y acabo equivocándome, hay muchas otras, bien porque tengo un buen equipo a mi alrededor o porque son ya muchas las carreras en las que me he visto en la misma situación, en las que al final las cosas me salen bien. Todo el mundo se equivoca, pero creo que mi porcentaje de errores no es demasiado alto. Además, me han ayudado a madurar, a aprender. Cuando se gana parece que los errores no tienen importancia y se olvida uno incluso de que los ha cometido. Perder por un error ayuda a asumirlo.
¿Usted, Fran, desearía en ocasiones tener un mando a distancia para detenerlo?
F.C.: ¡Qué va! Para nada. Todo lo que hace lo hace por algo, tiene un sentido. Cuando Alberto actúa de una forma es porque piensa que es la mejor manera de hacerlo. ¿Que es impetuoso o inquieto? Sí, pero eso es lo bonito. A Alberto nadie le controla. Hace siempre lo que se le pasa por la cabeza.
Esa manera de correr, tan impulsiva y, a la vez, ambiciosa, ha hecho que le califiquen como un ciclista de antaño, de los de antes, de aquellos que corrían sin red ni calculadora, y que le comparen con Fausto Coppi, Eddy Merckx… ¿Le satisface, le abruma o repudia la comparación?
A.C.: Me cuesta verlo o hacerme a la idea, aunque agradezco que me comparen con esos grandísimos campeones. Lo que pasa es que soy una persona que, de momento, no le doy importancia a esas cosas. Igual cuando tenga 50 años pensaré mucho en ello, en lo que un día dijeron de mí, pero a día de hoy lo único que tengo en la cabeza es la siguiente temporada, el siguiente objetivo.
F.C.: A mí me ocurre que pese a las comparaciones que mencionas, pese a los logros, sigo viendo a Alberto como a mi hermano. Eso no quiere decir que no me sienta orgulloso cada vez que escucho comentarios de ese estilo, pero a día de hoy quizás no le demos el valor que merece a todo lo que rodea a Alberto. Si es así, seguro que lo haremos en unos años, cuando deje de dar pedales.
A darlos empezó porque usted le llevó un domingo con el club de Pinto.
F.C.: Hacíamos salidas los domingos y uno de ellos se vino con nosotros. Creo que fue en Arganda y los de mi grupo se quedaron sorprendidos al comprobar cómo andaba Alberto.
A.C.: Ese día no le gané a Fran, pero al tercer fin de semana sí. Desde entonces empecé a andar a su nivel y poco más adelante ya le mojaba la oreja.
F.C.: Después yo dejé la bicicleta, pero no fue porque me ganara (ambos se miran y ríen), sino porque yo siempre me lo tomé de una manera más tranquila. Para mí el ciclismo era un pasatiempo. Nunca lo consideré como una posible profesión como hizo Alberto, que un día decidió sacrificarse por ello y le salió bien. Él, es indudable, tiene cualidades para este deporte. ¿Yo? Nunca lo sabré porque no me he dedicado a ello. Alberto siempre fue más persistente para todo.
Ahora, años después, es Alberto el que le ha hecho regresar al ciclismo.
F.C.: En realidad, nunca estuve alejado. En casa siempre fuimos muy aficionados al ciclismo, más aún a partir del tercer Tour de Indurain, pero jamás pensé que Alberto fuera a ser profesional, y menos que llegara hasta donde ha llegado y que estaríamos tan involucrados en este mundo.
¿Ustedes siempre estuvieron tan unidos como ahora?
F.C.: Nuestros padres nos inculcaron que la familia es lo más importante. Siempre han luchado por mantenernos unidos. Y lo hemos estado, lo que ocurre es que ahora nuestra relación va más allá porque además de ser hermanos nos une el trabajo.
A.C.: Somos cuatro hermanos, Fran es el mayor y siempre fue un referente para mí.
F.C.: Pero esa relación de hermano mayor-hermano pequeño ha cambiado. Quiero decir que estamos al mismo nivel y ninguno se impone al otro. Hablamos con sensatez y acordamos cuál es la forma de actuar más adecuada en cada momento.
Lance Armstrong se rodea de guardaespaldas malencarados, gurús de los negocios… mientras Alberto Contador se encomienda a su hermano y a Jacinto Vidarte, un amigo que es casi como de la familia que ejerce de efectivo e impecable jefe de prensa y consejero. ¿La confianza es importante para usted?
A.C.: En esta vida he aprendido lo importante que es rodearse de gente de confianza. Hay veces en las que quizás me he equivocado… Pero ahora hay una serie de personas como mi hermano, Jacinto y alguna más que me transmiten serenidad. Eso me viene bien.
¿El éxito genera desconfianza?
A.C.: No exactamente. Más que generarte desconfianza te obliga a ser más prudente. Tienes que saber qué gente tienes alrededor.
¿Johan Bruyneel le defraudó cuando tomó partido por Armstrong en el Tour en detrimento suyo?
A.C.: Yo sabía lo que iba a suceder. Bruyneel es amigo de Armstrong y está más cerca de él que de mí.
Ocurrió en el Tour. Usted estaba aislado en el Astana… Y ahí estaban Fran y Jacinto.
F.C.: Para mí fue interesante, porque nunca había vivido un Tour desde dentro, y a la vez muy intenso, por lo que pasó durante la carrera. Pero estoy muy contento por el hecho de haber podido estar allí, junto a Alberto, para cualquier cosa que necesitara. Si hubiese tenido que ver el Tour por la tele, desde casa, la tensión habría sido la misma, pero a su lado he estado más tranquilo.
A.C.: Yo también. Sobre todo por las circunstancias de este año, atípicas, he valorado mucho tener a mi alrededor gente de confianza.
F.C.: Alberto demostró en el Tour que tiene una capacidad mental brutal. No se dejó llevar por comentarios ni por lo que decía la prensa. Se centró única y exclusivamente en la carrera. Eso fue lo más difícil, lo más importante, la clave para ganarlo.
A.C.: Se dice que soy un ciclista muy fogoso, como antes cuando hemos hablado de la París-Niza que perdí por un error, pero también he demostrado en otras ocasiones, como en el Giro de Italia que gané en 2008, que puedo comportarme de diferente manera en carrera. Creo que cada momento, cada situación, exige una forma de actuar. En el Tour tuve que ser prudente. Y quizás fue más sencillo de lo que parece, porque era consciente antes de empezar de la situación que me iba a encontrar. Sólo era cuestión de saberla llevar sin que me sobrepasara.
¿El Tour es suficiente recompensa para tanto sufrimiento mental?
F.C.: Pienso que sí. Alberto lleva años sacrificándose por ello.
A.C.: Sin duda. No puedo negar que ha habido momentos complicados, momentos no del todo gustosos, pero el hecho de que la historia fuese diferente a otras hizo, incluso, que tuviese entonces más motivación y que le dé ahora un mayor valor a lo logrado. En ciclismo no hay nada más grande que el Tour.
F.C.: No puedo describir exactamente lo que sentí en los Campos Elíseos al ver a Alberto en lo más alto del podio, pero algo recuerdo. Fue una satisfacción increíble, una alegría grandísima y, a la vez, un descanso inmenso.
En la presentación del próximo Tour, Armstrong dijo que la intensidad mediática que se generaba en torno a la rivalidad entre ustedes era beneficiosa para el ciclismo pero perjudicial para ambos. ¿A qué se refería?
A.C.: Creo entender lo que quiso decir y sí, tiene mucha razón. Que se hable constantemente de nosotros dos, que todo se centre en nosotros, nos dejará poco margen de maniobra en carrera. Aunque entiendo que de no existir esa presión mediática también estaríamos vigilados, esta situación lo complica todo aún más. A nivel táctico no nos beneficia.
Si finalmente corre en 2010 en Astana (el equipo kazajo presentó todos los requisitos para obtener una licencia ProTour que le permita participar en las mejores carreras del mundo pero la UCI no se la ha concedido aún, lo que puede dejar la puerta abierta para que Fran y Alberto hagan efectivas las opciones de Caisse d"Epargne, Quick Step o Garmin), ¿tan terrible será?
F.C.: De momento, estamos esperando a que la UCI se pronuncie sobre si el Astana puede mantener la licencia ProTour y cuando lo haga valoraremos lo que es mejor para Alberto. Si nos quedáramos en Astana, tendríamos que hacer todo lo posible para que se forme el bloque más sólido posible de cara al Tour.
A.C.: ¿Terrible? No, hombre, el problema nunca ha sido quedarse o no en Astana, sino que el equipo cumpliese todos los requisitos para no encontrar problemas para correr las mejores carreras del mundo y tener, al fin, un año tranquilo. Si es así, no va a ser ningún suplicio correr en Astana. Pero es cierto, de todas maneras, que nos tendremos que poner las pilas y comenzar a buscar corredores para completar un equipo con garantías para afrontar los grandes retos que se presentan.
F.C.: La prioridad ahora es ésa, que Alberto esté lo mejor arropado posible durante la temporada y, especialmente, en el Tour.
Lleva desde finales de julio sin competir y no lo hará ya hasta la temporada que viene. ¿Había estado antes tanto tiempo sin hacerlo? ¿Influirá eso en su preparación?
A.C.: En 2007, cuando gané el primer Tour, hice algo parecido, aunque después de julio corrí en Missouri. Esta situación supone que igual tardo algo más en coger la forma. ¿Cuánto más? Unos veinte días. Pero no es ningún contratiempo de cara al gran objetivo de ganar mi tercer Tour, aunque no desprecio las demás carreras.

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