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"El buen cuidador potencia lo que puede hacer el anciano frágil"

"Quienes atienden a personas mayores y dependientes no deben olvidar que también deben cuidarse a sí mismas", recuerda la doctora Álvarez, directora médica del recientemente renovado Hospital Bermingham de la Fundación Matia, en Donostia

Joseba Imaz - Viernes, 30 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 07:38h.

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La doctora Álvarez posa, en los momentos previos a la entrevista, en las renovadas instalaciones del Hospital Ricardo Bermingham, de Donostia.

(Javi Colmenero)

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Donostia. La conferencia de Marta Álvarez de Arcaya, titulada Cuidado del anciano frágil, abrió ayer en Donostia un seminario organizado por la fundación Profesionales Solidarios para formar a cuidadores familiares. Las charlas se repetirán todos los jueves del mes que viene.

La sociedad es cada vez mayor y más frágil.

El número de personas mayores de 65 años va en aumento y, especialmente, las personas con más de 80. Realmente es ahí donde uno se encuentra con mayor porcentaje de ancianos frágiles.

¿Qué significa el concepto de anciano frágil?

Es una persona mayor que necesita ser cuidada por varias cosas. Padece enfermedades crónicas muy evolucionadas y con tendencia a la discapacidad. Además, puede tener trastornos de la marcha, caídas, ingresos hospitalarios repetidos, deterioro cognitivo... Muchas veces se trata de viudos recientes, personas que viven solas, y ese factor influye mucho en su salud. En realidad, a este colectivo no se le puede poner una edad, porque uno puede ser frágil a los 65 años o llegar hasta los 90 sin serlo.

¿Qué especificidades conlleva la atención a este colectivo?

Muchas veces, los hijos de estas personas nos preguntan no ya sobre el pronóstico de la enfermedad, sino sobre su función. Es decir, quieren saber cómo de autónomo será su padre y cómo le pueden cuidar. La pérdida de autonomía es lo que realmente crea una necesidad de asistencia. Aparte de las enfermedades que tienen, muchas veces acumulan síndromes geriátricos; la importancia de formar a los cuidadores radica también en la necesidad de prevenir y minimizar sus efectos.

¿A qué síndromes se refiere?

La inmovilidad, las úlceras por presión, las caídas, la demencia, la falta de nutrición o la deshidratación, el estreñimiento, la incontinencia urinaria, la depresión y las alteraciones sensoriales, por ejemplo.

¿Cómo se pueden prevenir los principales problemas de esa lista?

Toda persona que cuide un anciano frágil debería intentar mantener su movilidad. Porque conservar la marcha supone la principal ayuda para mantener la autonomía del paciente. Eso se consigue haciéndoles caminar. Acompañándoles progresivamente en las necesidades que tengan. Después, les podremos ayudar a caminar con un bastón o con un andador. Si el paciente no puede caminar, es bueno hacerle mover las articulaciones, sentado sobre la cama. Y si no puede moverse, estimular nosotros mismos sus articulaciones.

Las caídas también son fuente de problemas en esas edades. ¿Cómo se pueden prevenir?

Es muy importante tratar de evitar caídas. Cuanto más potenciemos el aparato músculo-esquelético menos riesgo de caídas tendremos. También es necesario evitar las barreras existentes en casa.

Otro reto al que se enfrentan los cuidadores es la motivación de personas que están en la recta final de sus vidas. ¿Cómo se puede mantener la ilusión en los ancianos?

En primer lugar, hay que descartar la depresión, un fenómeno frecuente en este colectivo. Cuando un anciano se retrae, se niega a hacer algo, puede ser la manifestación de una depresión. Porque, en el caso de las personas mayores, la depresión no se muestra con la tristeza o el llanto, sino que se da un retraimiento. En segundo lugar, los ancianos muestran alteraciones de conducta creadas por enfermedades neurológicas degenerativas como la demencia. A veces, la negativa de un anciano manifiesta un trastorno cognitivo.

¿Qué importancia tiene la psicología para hacer frente a situaciones de desánimo?

En caso de descartar las hipótesis que hemos mencionado, hay que insistir poco a poco. El buen cuidador debe potenciar en el anciano frágil aquello que puede hacer. Nunca hay que hablar de aquello a lo que no llega, ni hablar de su déficit. La clave es potenciar lo que queda y sacarle partido. Y tampoco hay que hacerle todo, sino intentar que el anciano trabaje. Además, es importante tener mucho sentido del humor y minimizar los problemas. Si el cuidador está deprimido o saturado, la atención no será buena.

El cuidado a las personas dependientes viene profesionalizándose en los últimos años. ¿Las familias acuden cada vez más a profesionales que desempeñan esa labor?

Cuidar es difícil y tomar una decisión sobre cómo y con quién cuidar, también. Es habitual encontrarse con hijos que lloran porque no saben cómo cuidar a su padre. Todavía no se ha asumido socialmente que los gerontológicos son centros de cuidado. No se trata de un abandono, porque el cuidado plantea situaciones en las que actuar en el hogar es muy difícil. Lo cual no quita que, siempre que se pueda, lo mejor para el anciano es el domicilio.

¿Cuál es el límite para atender a un familiar en el hogar?

Generalmente, es el propio cuidador quien claudica por diferentes razones: por la enfermedad del anciano (un cambio de medicación, por ejemplo) y porque el nivel de cuidado del anciano es tan alto que no puede ofrecérselo. En ese momento, hay que pedir ayuda y pensar que hay muchas instituciones, recursos de apoyo a los cuidadores.

Pero muchas familias no tienen ni recursos ni tiempo suficiente para atender a sus mayores. ¿Existen ayudas suficientes?

La Ley de Dependencia ha sido un paso importante, una ayuda económica a estas familias. Existen muchos recursos sociales, pero a veces nos encontramos que en la sociedad actual la mujer ha accedido al mercado laboral, la compaginación del trabajo con la atención genera problemas. A la generación con padres en edad geriátrica les está suponiendo un auténtico problema el cuidado de sus padres.

¿No hacen falta programar de formación para cuidadores familiares?

Es otro aspecto importante. Es necesario que tanto los cuidadores familiares como los contratados estén formados para ello. Aconsejo que aprendan de los profesionales cuando sus familiares estén ingresados, además de acudir a cursos. Ya se están organizando pero hace falta más.

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