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josetxo zufiaurre etnógrafo

"Este año se cumple el centenario de la llegada del agua a las cocinas de Beasain"

El próximo martes, el etnógrafo beasaindarra Josetxo Zufiaurre será homenajeado por sus vecinos.

El acto dará comienzo a las 19.00 horas, en el salón Usurbe, y servirá también para que el protagonista presente su último libro: "Agua de Beasain"

Asier Zaldua - Martes, 27 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 07:40h

Josetxo Zufiaurre, delante del ayuntamiento de Beasain.

(Asier Zaldua)

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Beasain. Zufiaurre tiene el título de Delineante Industrial y la diplomatura de Marketing. Durante muchos años trabajó para la Caja de Ahorros Provincial, pero su gran pasión es la etnografía.

¿Cómo surgió su interés por la etnografía?

Mi padre nos inculcó el amor por el monte a mi hermano y a mí. Solíamos ir a Aralar los tres. Yo compraba planos, pero mi padre conocía muchos topónimos que no aparecían en los mapas. Aprovechando mis conocimientos de delineante, decidí hacer un plano más completo. Todos los sábados y domingos ibamos a Aralar y, ya que estábamos allí, aprovechaba para hacer preguntas a los pastores. Cuando completé el plano, fui a donde Joxe Migel Barandiaran. Le pedí información sobre los dólmenes y me preguntó por mi trabajo. Cuando le expliqué lo que estaba haciendo, me pidió que encontrara las parcelas en las que los pastores jugaban a pelota.

¿Los pastores jugaban a pelota en el monte?

Barandiaran me explicó que los seminaristas de Gipuzkoa completaban el primer curso en Baliarrain. Estando allí fueron de excursión a San Miguel de Aralar, con un pastor como guía. En un momento dado, este pastor del dijo lo siguiente: "Aquí tenéis el frontón de Igaratza". Los seminaristas le tomaron por loco, pues sólo vieron una planicie. De allí a unos años, estando en Iparralde, un pastor le dijo lo mismo: "Mira, un antiguo frontón". "¿Qué has dicho?", le respondió Barandiaran. "Sí, los pastores jugaban a pelota en planicies como ésta. Cogían una azada y marcaban un terreno de juego. Era como el tenis, pero sin red ni herramienta", le explicó. Después de aquello, Barandiaran encontró más frontones en los montes de Iparralde. Yo encontré un total de doce.

Se puede decir, por lo tanto, que se inició en la etnografía de la mano de su padre y de Joxe Migel Barandiaran.

Sí. Mi padre hizo que despertara en mí el interés por estos temas y Barandiaran fue mi profesor. Él vivía a sólo ocho kilómetros de Beasain y me ofreció ir a su casa los sábados por la tarde y pasar un par de horas juntos. Ésa fue mi gran suerte. Era un hombre con un gran sentido común. Por otro lado, cuando analizaba un acontecimiento, se olvidaba de los protagonistas. Nunca decía "éste ha hecho mal", sino "este acto ha traído esta consecuencia".

¿Recuerda alguna lección suya?

Cuando le presenté mi trabajo sobre los frontones, me dijo que había que publicarlo. Le dije que no lo había hecho con esa intención. Me contestó que no tenemos derecho a guardar para nosotros mismos los conocimientos que hemos recibido del pueblo: hay que darles forma y devolvérselos al pueblo.

¿Qué más trabajos hizo de la mano de Barandiaran?

En todas las provincias había puesto en marcha grupos de etnografía llamados Etniker y me ofreció formar parte del de Gipuzkoa. Una de nuestras labores consiste en entrar en los caseríos con el fin de hacer una encuesta etnográfica. El objetivo del cuestionario, de 800 preguntas, es recabar información sobre la vida del pueblo llano. Cada uno trabaja en su pueblo y tiene que entrar en, por lo menos, tres o cuatro caseríos. Yo he trabajado en unos diez de Beasain. Publiqué el trabajo hace unos diez años en la colección Beasaingo Paperak. En Gipuzkoa no se ha publicado ningún otro cuestionario de éstos.

¿Qué más libros ha publicado?

Cada vez que surge un tema, me paso dos o tres años hablando con los baserritarras y después publico un libro. También escribo artículos para la revista Beasain Jaietan y para otras.

¿Cómo ve el modo de vida actual?

No todas las costumbres antiguas son mejores que las de ahora, pero la sociedad está cambiando demasiado. Los medios de comunicación más importantes están dominados por las multinacionales y a éstas les interesa la uniformidad: así, con menos dinero, llegan a más gente. No les interesa ofrecer espacio a las distintas culturas y es una pena que se pierda la identidad de los pueblos.

La semana que viene presenta el libro "Agua de Beasain". ¿Por qué ha elegido ese tema?

Es muy simple: en 2009 se ha cumplido el centenario de la llegada del agua a las cocinas de Beasain. Hasta entonces había cuatro o cinco fuentes para 1.500 habitantes. Tenían que coger agua de ellas y luego subirla a casa. La ropa se limpiaba en el río. ¿Y el baño? Tenían un orinal de barro, de medio metro de alto, con dos asas y una tapa de madera. Solía estar en un rincón de la casa y toda la familia iba allí a hacer sus necesidades. Cuando se llenaba, había que cogerlo, bajar al río, vaciarlo y limpiarlo. Lo he contado muy rápido, eh… ¡No es broma! Hay que tener en cuenta que algunos años antes de que el agua llegara a las cocinas de las casas en Beasain se habían construido ya varios edificios de cuatro y cinco pisos.

Una vez que ha terminado el libro sobre el agua, ¿tiene en mente algún otro proyecto?

A un hombre que vive en Olaberria le gustan mucho los hitos: los busca y los limpia. En 1981, junto con mi hermano, visité todos los hitos de Beasain y los fotografié. Ahora, junto con el vecino de Olaberria, haré un trabajo sobre el tema.

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