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Gipuzkoa registra 59 notificaciones por comportamientos violentos de hijos a padres

la diputación ejerce la guarda en el 23% de los casos

La vergüenza y la sensación de fracaso provoca que los progenitores demoren la búsqueda de soluciones

JOrge napal - Domingo, 25 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 10:45h

Varios adolescentes, ajenos a esta información, charlan en un parque.

Varios adolescentes, ajenos a esta información, charlan en un parque. (Foto: iban aguinaga)

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donostia. Como si de un tsunami se tratara, el comportamiento de los hijos arrasa con todo lo que encuentra a su paso. No hay entendimiento que valga. Su conducta se convierte en un caballo desbocado. La Diputación ha recibido en lo que va de año 59 notificaciones de padres que dicen no soportar más la conducta violenta de sus hijos, y en el 23% de las atenciones ha sido preciso ejercer la guarda temporal hasta que las aguas vuelvan a su cauce, si lo hacen.

Autoridad y límites son dos palabras que van dejando de figurar en el diccionario que maneja un número creciente de adolescentes. En los casos más graves, según constatan desde los servicios de protección infantil de la Diputación, se está llegando a la "violencia verbal e incluso física" hacia unos padres incapaces de dirigir el timón de un barco que irremediablemente zozobra.

El maltrato comienza a manifestarse en la adolescencia, entre los 14 y 16 años, pero se trata de algo más que un periodo crítico de esa etapa de la vida en que uno trata de encontrase a sí mismo. Los padres, desorientados como nunca, piensan que se trata de un problema que el tiempo curará. Pero transcurren los meses, incluso los años. Tratan de poner remedio por sí mismos, y ahí reside parte del problema.

Pilar Lacasa, responsable de Izan, asociación que atiende en Gipuzkoa muchas de estas situaciones, constata que se aguarda demasiado tiempo antes de pedir ayuda, lo que sólo sirve para estirar como un chicle el deterioro que reina en el hogar familiar. "En general, hay una dinámica clara de ocultación, en la que participan tanto los padres como los hijos", aclara la profesional.

servicios sociales La primera puerta a la que se llama suelen ser los servicios sociales municipales. En los casos más graves, la Diputación toma cartas en el asunto. Pero para cuando los psicólogos comienzan a escudriñar los motivos de tanta desavenencia familiar, han podido transcurrir años. Los chavales acuden a la consulta "acorazados", y bastan unas cuantas sesiones para caer en la cuenta de que las desaveniencias hunden sus raíces con más profundidad de la que se intuía. "Los chavales llegan a la consulta repitiendo el mismo esquema que hasta entonces les ha funcionado y es muy difícil que rectifiquen porque no conocen otra forma de relacionarse", asegura Lacasa.

La vergüenza y la sensación de fracaso de los progenitores siempre está presente, por eso cuesta tanto dar el paso, aunque sea necesario. La toma de conciencia del problema suele tomar un significado de culpabilidad, "cuando no debería ser así", según recalcan desde la Diputación.

Familias con hijos adoptados en edad adolescente comienzan a vivir situaciones "muy duras"

Esta etapa de la vida es para ellos "más difícil y compleja" porque han vivido separaciones dolorosas y traumáticas

Lo cierto es que nunca se trata de un fenómeno repentino. Lacasa insiste en que el desafío, la rebeldía, las dificultades que muestran estos chavales para soportar la frustración es un problema larvado, "frecuentemente por una educación excesivamente laxa", que acaba por estallar.

Uno de los exponentes más visibles de este fenómeno es el complejo panorama que comienzan a vivir algunas familias adoptivas con hijos en edad adolescente. "Hay padres que están viviendo situaciones muy duras. A día de hoy hay algo que está probadísimo: los dos o tres primeros años de vida marcan la capacidad de empatizar y vincularse genuinamente con el otro, que es un factor de protección frente a la violencia", precisa Lacasa.

Alberto Rodríguez, psicólogo especialista en adopción y acogimiento familiar, rehuye del binomio adolescencia-violencia. "Simplemente, hay chavales con quienes la vida no se ha portado bien", resuelve, si bien reconoce las dificultades que están atravesando muchas familias adoptivas para comprender el significado de lo que sus hijos piden con su conducta. "Las manifestaciones de violencia son una expresión de las muchas que se pueden encontrar. Sin embargo, no deben ser valoradas exclusivamente como expresiones violentas, sino dentro de un contexto doloroso emocionalmente para los chavales", precisa el especialista.

Precisamente, a la vista del problema, la Asociación de Familias Adoptivas de Gipuzkoa, Ume Alaia, acaba de abrir unos talleres para adolescentes que fueron adoptados con el objetivo de escuchar sus experiencias, lo que se ha convertido en "un espacio privilegiado" del que surgirán los apoyos que en el futuro van a necesitar las personas adoptadas y sus familias.

La adolescencia de estos chicos y chicas es "más difícil y compleja" que la de otros chavales. Sobre todo porque han vivido separaciones dolorosas, situaciones conflictivas y traumáticas en los primeros años de sus vidas. "Se trata de un momento clave, por lo que llegan a una adopción con una mochila cargada de inseguridades que van a requerir mucho tiempo para poder ser remontadas", precisa Rodríguez.

Para ellos "es imposible" acceder con claridad a la información que les ayude a entender de dónde vienen, algo clave a la hora de poder responder a la pregunta de quiénes son y qué quieren ser en el futuro.

Además, para muchas de las personas adoptadas que proceden de otros países, asegura Rodríguez, se da la circunstancia de que presentan rasgos físicos diferentes a los de sus familias adoptivas: "Son reconocidos por la calle con su historia, no se sienten identificados con sus familiares más cercanos, y aunque lo desean es un tema que a menudo genera dolor y malestar".

las claves

La adolescencia ha existido toda la vida, pero la virulencia con la que se comporta un número creciente de jóvenes en el ámbito doméstico es un fenómeno que ocurre en Gipuzkoa desde hace aproximadamente cuatro o cinco años, según constata Pilar Lacasa, responsable de Izan, el programa que la Diputación puso en marcha en el año 1995 sobre intervención familiar y terapéutica. Durante este periodo de tiempo los profesionales han ido dejando a un lado la sensación de que se trata de episodios aislados y van tomando conciencia de que "hay un grupo importante de chavales con problemas de conducta muy graves, que llegan a nuestro servicio muy deteriorados", incide Lacasa. ¿Y qué pueden hacer los servicios que les atienden? La clave para enderezar la situación siempre pasa por que algún miembro del equipo que se pone en contacto con la familia consiga ganarse la confianza del chaval. Bien sea el psicoterapeuta, el educador o algún psicólogo clínico, deben conseguir que el joven interiorice que alguien se interesa por él y le escucha. "Si permite que alguien se le acerque, comienza a ganarse un terreno que resulta muy necesario", asegura la psicóloga.

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