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La recolección de setas tiene cada vez más adeptos entre la población guipuzcoana. Sin embargo, el "boom" que esta afición ha vivido en los últimos años también lleva consigo efectos colaterales que afectan a los hongos y al ecosistema.
Joseba Imaz
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EN un bosque guipuzcoano, de cuyo nombre no quiero acordarme, un par de amigos vuelven a su coche tras explorar los hayedos de la zona. Cada uno lleva media docena de boletus -onttoak, en euskera- en su cesta. Al llegar a una vaguada se encuentran con una multitud de setas comestibles, pero menos apreciadas por el público general, esparcidas por el suelo; han sido arrancadas y pisadas por algún otro visitante. Unos metros más abajo, en los márgenes de la pista, una veintena de coches esperan a sus propietarios, testigos del interés micológico que despierta el enclave.
Escenas similares se viven en los montes guipuzcoanos cuando llega el otoño y la gente da rienda suelta a su instinto recolector. Un fenómeno que en la última década se ha intensificado, a causa de la expansión que ha vivido la afición por la micología. Sin embargo, los expertos advierten de que la magnitud que está alcanzando dicha actividad está afectando a distintas especies de hongos -término que agrupa a estos seres vivos- y, como consecuencia, puede influir en los ecosistemas asociados. Son los efectos colaterales del boom setero.
Afición ha habido desde siempre en el País Vasco. "Sin embargo, ahora hay más tiempo libre, más gente que está jubilada, con tiempo libre y buenas condiciones físicas. A eso hay que añadirle que en coche se puede acceder a muchos sitios y, además, es más difícil perderse porque existe el GPS", constata Pedro Arrillaga, director del departamento de Micología de Aranzadi.
A este contexto sociológico hay que añadirle los intereses comerciales generados en torno a las setas. Según afirma el experto micólogo, hay quien se suma a la recolección "con fines comerciales", porque existe "una gran demanda y un mercado" para estos productos.
Al otro lado de la balanza se encuentran los clásicos seteros que disfrutan de su afición y, a su vez, recogen lo suficiente como "para comer en casa". Sin olvidar que, hoy día, existe la posibilidad de congelar los manjares micológicos hallados, tal y como recuerda Arrillaga, lo que aumenta el límite de ejemplares aprovechables por cada persona.
Todo esto ha hecho que no sea raro encontrarse con gente que, tras una caminata por algunos hayedos, se lleve varias cestas llenas a casa. El ejemplo más representativo de este abuso tuvo lugar, según coinciden todos los expertos, hace tres años, cuando los bosques guipuzcoanos y navarros se llenaron de depredadores que respondieron a la llamada del boletus: una serie de golpes de esta especie hizo que los hayedos se llenaran de ejemplares de este apreciado manjar. Los efectos colaterales fueron suficientemente comentados: pistas saturadas, vallas rotas, maleteros a rebosar de setas, basura en el medio natural...
Un complejo ecosistema
La importancia de cada seta
Este otoño, los amantes de los hongos también están pudiendo disfrutar de su afición. Patxi Lago, miembro de la sección de Micología de Loiolatarra Kirol Elkartea, afirma que hace dos semanas hubo "un golpe considerable" de boletus: "Parece que también se ha recogido bastante gibelurdiña -russula virescens- y zizahori -rebozuelo-, entre otros".
Aunque la masificación de 2006 no parece haberse repetido en esta ocasión, los micólogos vienen advirtiendo del incremento de hábitos que no favorecen la conservación de los hongos, de sus hábitats y, en general, de los bosques. Hasta el punto de que se han identificado decenas de especies que se han "rarificado" en los bosques de Euskal Herria.
De hecho, la Universidad del País Vasco, en colaboración con asociaciones micológicas territoriales, ha elaborado una lista roja de las especies que pueden hallarse en peligro. A Pedro Arrillaga le viene un ejemplo representativo: la seta de primavera o ziza. "Sobre todo a principio de temporada, se recogen ejemplares pequeñísimos, del tamaño de un garbanzo. Eso impide que se desarrolle con normalidad", explica.
Arrillaga anima a tomar la presión humana como "un factor más" en la disminución del número de ejemplares. "Hay otra serie de causas que han cambiado en las últimas décadas", afirma, entre las que destaca la contaminación, la deforestación y el cambio climático. "Pero es cierto que hay muchísima gente que va al monte y eso tiene que tener algún impacto", reconoce.
regulación
Exigencia de micólogos
La cuestión no es baladí. Una seta es el aparato reproductor del hongo, cuya estructura se extiende por el suelo del bosque en forma de micelio. Cuando las condiciones ambientales lo permiten, de ese cuerpo invisible para el humano emanan los perretxikos, que a su vez emiten las esporas que permiten la reproducción de la especie y la regeneración del micelio. Por lo tanto, recolectar una seta de forma prematura significa segar su función reproductora.
Patxi Lago recuerda que, además, cada especie cumple "una función en su ecosistema" y sirve de alimento a animales e insectos. De modo que anima a los aficionados a actuar "con sentido común" cuando acudan, cesta en mano, a los hayedos y robledales del territorio.
Entre las recomendaciones más básicas, el micólogo donostiarra aconseja "no rascar el suelo" del bosque, solamente recoger "aquellos ejemplares" que se vayan a consumir, "no arrancar aquellas que se consideren tóxicas" y recolectar las setas "que estén sanas y sean adultas". "El bosque es un ecosistema complejo. Actuar de forma descuidada sobre un elemento puede afectar al resto", recuerda.
Ante el panorama existente, tanto Lago como Arrillaga coinciden en que es necesario algún tipo de regulación para acotar los abusos, algo inexistente hasta ahora en los bosques guipuzcoanos. Mientras el micólogo de Aranzadi aboga por establecer "días de veda" para que la naturaleza "tenga tiempo de recuperarse", el experto de Loiolatarra Kirol Elkartea opina que debería establecerse "un límite razonable por día y por persona" y "una licencia similar a la de caza" para que los aficionados pasen un proceso de formación. Estas medidas reglamentarias, según inciden ambos, deberían servir para poner coto a "una explotación abusiva".
"Se recogen ejemplares de zizas pequeñísimos, lo que impide que se desarrollen"
pedro arrillaga
Departamento de Micología de Aranzadi
"El bosque es complejo: actuar en un elemento de forma descuidada puede afectar al resto"
patxi lago
Sección de Micología de Loiolatarra K.E.
· Hojarasca. No rascar el suelo con los pies ni con utensilios. Respetar la capa vegetal.
· Ejemplares tóxicos. Las setas que son tóxicas o no aptas para el consumo por los seres humanos también cumplen su función en el bosque. No conviene arrancar ni pisar aquellos ejemplares que no se llevarán a casa.
· Tamaño. Igual que ocurre con los peces, llevarse ejemplares pequeños puede interrumpir el desarrollo normal de las especies. Por ello, los expertos aconsejan no recoger setas pequeñas que no se han desarrollado, porque no han tenido tiempo de esparcir las esporas que permitirán su recolección y la renovación del micelio.
· Estado. Tampoco conviene recoger ejemplares que estén pasados o degradados, ya que también pueden ser malos para el consumo humano.
· Cantidad. Unos pocos kilos son suficientes para el consumo personal. Evitar abusos.
· Cesta. La cesta es el mejor medio para transportar las setas. Evitar las bolsas.
· Entorno. El bosque es un entorno delicado en el que la actividad humana debe sentirse lo menos posible. Sin olvidar la actividad ganadera y agraria que se produce en torno a ellos: cerrar las verjas y no cerrar el paso de pistas con los coches.
2006
· El gran "golpe". Hace tres años, los boletus crecieron en los bosques de Gipuzkoa de forma numerosa, de modo que la afición a la micología vivió un enorme boom. Con todo ello, también se dieron conflictos y
problemas.
· "Boletus edulis". Ontto zuri, en euskera. Excelente comestible y recolectada casi obsesivamente.
· "Amanita caesarea". Para muchos es la reina de las setas por el excelente sabor de su carne.
· "Boletus aereus". Ontto beltza, en euskera. Se trata de otra de las setas más codiciadas.
· "Amanita Phalloides". Una especie temida, ya que un solo ejemplar puede dañar gravemente a una persona.
Gracias por su comentario
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