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íñigo lamarca ararteko

"Nos preocupa la situación de muchas personas que han perdido su trabajo y están en el límite de una vida digna"

Íñigo Lamarca acaba de ser reelegido Ararteko por el Parlamento Vasco. Desde Sevilla, ciudad en la que participa en un congreso sobre pediatría social, explica a NOTICIAS DE GIPUZKOA sus intenciones para los próximos ejercicios y la labor que, a su juicio, debe desempeñar

Txus Díez - Sábado, 17 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 10:40h

Iñigo Lamarca

El Ararteko, Iñigo Lamarka. (Oskar Martínez)

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vitoria. Tras renovar mandato, se ha convertido en el primer Ararteko que repite en el cargo, precisamente en el año del XX aniversario de la institución. ¿Cómo valora su nueva designación y el camino recorrido hasta ahora?

Ha sido un proceso tranquilo. Los grupos me preguntaron si estaba dispuesto a continuar y yo les dije que sí. Tengo muchísima energía y la institución, aunque es modesta dentro del entramado institucional, hace muchas cosas. Había además una serie de ideas que necesitaban más tiempo para ser desarrolladas. Esta es una institución muy joven comparada con los 200 años que tiene el ombudsman de Suecia. El Ararteko ha ido creciendo, y quiero resaltar la magnífica labor de mis predecesores, Juan San Martín, Xabier Markiegi y Mertxe Agúndez, pero debemos seguir creciendo. El objetivo es que cada uno de los ciudadanos de este país sepa que les podemos ser útiles y cuáles son las herramientas de acceso al Ararteko. También tenemos que ganar en calidad, aun habiendo sido ésta siempre la marca de la institución, debemos alcanzar niveles de excelencia.

Su labor es velar por los intereses de los colectivos más desfavorecidos. ¿Hay algún sector social especialmente amenazado en Euskadi?

Hay un principio fundamental en el estado socialdemocrático de derecho de la Unión Europea: la igualdad material. Este principio fundamental ha generado numerosos recursos, pero no está llegando a satisfacer al 100% de las necesidades porque la realidad social es cambiante. En Euskadi hay situaciones extremas, de personas que están en una situación de exclusión social grave o en riesgo de caer en ella. Hablamos de personas sin hogar, o de gente que no llega al umbral de supervivencia básica pese a las ayudas. Están también los sin papeles, una expresión terrible, las personas que carecen de redes familiares y sociales, algunos con enfermedades mentales, otros con patologías crónicas como el sida, drogodependientes o personas que han entrado en el círculo infernal de la cárcel. Habría que actuar en este campo con mayor eficacia, pero es un grupo muy minoritario.

¿Se han notado los efectos de la crisis?

Nos preocupa la precarización en un sector mucho amplio de personas que han perdido su trabajo, que están en el límite de la vida digna, y con una gran incertidumbre con respecto al futuro. Estamos viendo perfiles nuevos como consecuencia de la crisis, y ahí las políticas públicas debieran ser extremadamente diligentes en cuanto a la detección y el diagnóstico de estos problemas. A partir de ahí deberíamos hablar también de los menores desatendidos, especialmente extranjeros, de población mayor necesitada por el aumento de la esperanza de vida, de adolescentes homosexuales y transexuales para los cuales no existen hoy en día políticas públicas proactivas que protejan su dignidad y su integridad física y moral. Hablamos de la terrible realidad de la violencia machista, y podría hablar sobre muchos más colectivos.

¿Cree que la legislación social vasca, revisada en la pasada legislatura en el Parlamento con un importante consenso, puede abarcar todo el arco de necesidades que hay en la CAV?

Hay un hito importante: la aprobación de la Ley de Servicios Sociales, que define unos derechos subjetivos, reclamables ante los tribunales, y que contará con una cartera concreta de servicios. Junto a ello se pretende que las administraciones competentes, que son varias, se coordinen de forma mucho más eficaz. Es una muy buena ley, pero tiene que ser desarrollada reglamentariamente, y lógicamente necesitará su tiempo. Velaremos porque se haga en el menor tiempo posible.

Va a necesitar también mucho dinero para sostenerse.

El gasto social puede crecer, pero el aumento de los recursos no necesariamente tiene que traer consigo un aumento proporcional de ese gasto. Cuando hicimos el informe extraordinario sobre atención sociosanitaria resaltamos que ambos aspectos, el sistema sanitario y social, deben interrelacionarse. Esto conlleva la creación de nuevos recursos, pero a partir de los preexistentes, que se pueden optimizar. La atención a personas en situación de dependencia en el domicilio puede ser mejor para el que la recibe, lo que sumado a la atención en los centros de día puede no aumentar el gasto. Existe una inquietud razonable, pero no tiene que ser así necesariamente.

¿Es trasladable el modelo escandinavo a Euskadi?

Los recursos sociales son razonablemente buenos, pero no cubren todas las necesidades. Estamos en un mundo en una mutación constante y no se llega, pero las administraciones tienen que ponerse las pilas, sobre todo para prevenir y estudiar recursos existentes en otros países que podamos incorporar, optimizando recursos, mejorando la atención y conteniendo el gasto.

Se ha quejado en varias ocasiones del bajo grado de cumplimiento de sus resoluciones por parte de las administraciones. ¿Va mejorando la situación con el paso de los años?

Vamos avanzando, pero tenemos que mejorar más todavía. Para que el Ararteko pueda responder en un tiempo razonablemente breve al ciudadano es fundamental el concurso de las administraciones. Por ello, tengo dos o tres propuestas en la cabeza para abreviar esos plazos. Vamos a aprobar una Carta de Servicios y Compromisos entre los cuales se encuentra el de cumplir los plazos, y estoy seguro de que las administraciones nos ayudarán. Además, muchas veces no nos responden porque son municipios pequeños con muy pocos recursos. Casi nunca se les pide sólo que remitan información, sino que les pedimos que justifiquen debidamente una actuación concreta, lo cual les obliga a generar un documento nuevo que exige una serie de recursos. Nos comprometeremos a ayudarles en lo que precisen para que sus respuestas lleguen en el menor plazo de tiempo posible.

Da la sensación de que en estos cinco años ha desarrollado su labor sin presiones políticas. ¿Ha sido efectivamente así?

Yo en ningún caso lo admitiría, antes dejaría el Ararteko, eso lo tengo muy claro. Soy una persona que he antepuesto siempre la dignidad personal, y ahora también la institucional, a cualquier otra consideración. Tengo que decir sinceramente que no he recibido ninguna presión, que tampoco toleraría. Ha habido reacciones críticas e incluso airadas ante algunas resoluciones, pero han sido posteriores a su dictado. Durante el procedimiento de análisis, y eso lo debe saber el ciudadano, no ha habido un solo caso de presión, e insisto en que si lo hubiera este Ararteko no lo admitiría ni de lejos.

¿Cómo vivieron en la oficina del Ararteko el proceso de nacimiento, desarrollo y posterior defunción de la figura del Defensor del Menor?

Con mucha tranquilidad. La Ley de la Infancia y la Adolescencia ya preveía que existiera una defensoría dedicada exclusivamente a los menores. En sí la idea es buena, pero ocurre que en Euskadi el Ararteko, desde el principio, ha prestado una atención prioritaria a este colectivo, vulnerable por definición, y algunos de ellos extremadamente vulnerables. El Parlamento preguntó al Ararteko que opinaba sobre esta cuestión, y respondimos que en el Estado español no hay una sola comunidad autónoma donde existan un defensor autonómico y un defensor del menor. De todos modos, cuando se creó la Defensoría del Menor yo lo saludé, manteniendo mi opinión. A Rafa Masa le llamé, y luego el tema quedó parado hasta que dimitió, y con Jesús Gutiérrez mantuve dos entrevistas en las que acordamos firmar un convenio de colaboración. Había buena química, pero el nuevo gobierno decidió prescindir de esta defensoría y yo me atengo a ello. Lo que sí haremos en los próximos cinco años es sistematizar mejor el trabajo que hacemos con niños y adolescentes.

¿Conocen más los ciudadanos la institución que hace unos años?

Ha ido a más, pero yo soy autoexigente y quiero seguir trabajando para que los ciudadanos y ciudadanas vascas nos conozcan mejor. Pusimos en marcha puntos de información allí donde había tránsito de ciudadanos, queremos darle a nuestro portal web más dinamismo, y tenemos otras ideas al respecto. En la medida en que se nos conoce más se da un efecto llamada por parte de quienes han salido satisfechos, pero tenemos que ir a más.

Su principal misión es velar por los sectores de la sociedad más desfavorecidos, pero también ha de proteger a los ciudadanos en materia de obras públicas o tráfico, por ejemplo. ¿Abusa la administración del ciudadano medio en este tipo de asuntos?

Entiendo que a las administraciones no les resulta grato que un organismo fiscalice sus políticas públicas, pero yo les digo que muchas de esas políticas persiguen certificados de calidad, cuando tenemos una institución que presta un servicio público gratuito que puede otorgarles el mejor sello de calidad. Es bueno para la propia administración que tenga una actitud receptiva hacia el Ararteko y que incluso animen a la ciudadanía a acudir a esta institución.

¿Qué metas se plantea para los próximos cinco años?

Tenemos cuatro grandes principios que se materializarán en un plan de actuación. El primero, ya lo he dicho antes, es que la institución se conozca más y mejor; el segundo es mejorar la calidad del servicio que da el Ararteko, de ahí esa Carta de Servicios y Compromisos. Unido al anterior está la exigencia a las administraciones públicas para que además de responder a la legalidad descarten prácticas de mala administración para que los ciudadanos sean atendidos y escuchados, que sean considerados personas en su individualidad, y no un número de expediente. En cuarto lugar trataremos de reforzar las relaciones con las asociaciones sociales. Queremos que sean nuestras antenas y nos digan cuáles son las carencias y déficit de la realidad social.

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