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por jon lasa y ander rodríguez, * Junteros de Alternatiba - Viernes, 16 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 07:33h
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RESULTA curioso (por no decir ridículo) ver el desfile de tropas de paz y reconstrucción del día 12 de octubre -antes Día de la Raza- por las calles de Madrid, pero más curioso aún resulta leer y escuchar los comentarios de muchos periodistas y creadores de opinión que insisten en el orgullo que les producen las Fuerzas Armadas y, sobre todo, hacen hincapié en la supuesta conexión que existe entre éstas y la sociedad civil.
Todos estos comentarios, todos ellos muy respetables, destilan un nacionalismo que, a lo largo del año, muchos intentan ocultar de una u otra manera. Me asombra año tras año el manido pretexto de que estos hombres y mujeres -miembros del Ejército- trabajan "al servicio de los demás".
Insisten quienes ensalzan estos días el orgullo militarista patrio en la necesidad de mostrar al Ejército como un cuerpo más de empleados públicos. Pues bien, lo tienen más que difícil porque, a diferencia de los carteros o los administrativos, si algo brilla en el pasado de este colectivo de empleados de las Fuerzas Armadas no es su servicio diario a la ciudadanía, sino su denodado empeño en la promoción de dictaduras. Esto es lo que explica que los maquinistas de tren, a diferencia de los militares, no necesiten anuncios para explicar lo importante que es su trabajo. Todo el mundo lo sabe.
También resulta curioso (por no decir ridículo) que este insigne cuerpo de funcionarios tenga que desfilar con su mascota -el animal más cuerdo de los presentes- delante del Gobierno y del jefe del Estado, así como del resto de autoridades -portavoces parlamentarios, presidentes autonómicos...- Es decir, que todo el dinero del contribuyente que se gastan en publicidad televisiva para hacernos creer que son sólo unos funcionarios normales y corrientes, lo mandan a tomar viento cuando son los únicos que presentan armas ante sus responsables políticos.
Claro que, quizá, nos deberíamos plantear la posibilidad de organizar cabalgatas con todo tipo de funcionarios. Por ejemplo, un desfile de técnicos de Igualdad el 8 de marzo. Me lo estoy imaginando, la calle Urbieta llena de banderas moradas y todos los técnicos de Igualdad de Euskadi marchando en formación con un koala.
Aunque el día que más ilusión me hará será el del patrón de los notarios, San Juan Evangelista. Qué gran momento, ver desfilar a todos los notarios por la Gran Vía de Bilbao con un león.
Viendo estos ejemplos, cabría llegar a la conclusión que eso de los desfiles es una tontería y que, si necesitan invertir tanto dinero en dar explicaciones sobre para qué vale el Ejército, quizá no valga para nada. Resulta curioso (por no decir ridículo).
Gracias por su comentario
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