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La Sala-Kubo "reivindica" la naturaleza artística de la obra del artista suizo
Donostia acoge una retrospectiva de más de cien obras creadas por el autor de la criatura de la película "Alien"
JUAN G. ANDRÉS - Viernes, 16 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 07:34h.
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Varios periodistas contemplan algunas de las obras de Giger expuestas en la Sala Kubo-Kutxa mientras la criatura 'Alien' parece descender del techo (Ruben Plaza)
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DONOSTIA. El de Hans Ruedi Giger no es el más confortable de los mundos. Ni siquiera para vivir una aventura ficticia. Entre sus habitantes se cuentan criaturas horripilantes, peligrosos extraterrestres, diosas satánicas y extraños seres híbridos resultantes de la fusión del metal y la carne. Todos ellos transitan por lugares oscuros, parajes industriales y civilizaciones devastadas y, en definitiva, incómodas.
Sin embargo, hace tiempo que el poder subyugante de su provocadora obra y su inconfundible carácter visionario le situaron como uno de los principales fundadores de la actual imaginería estética de la ciencia ficción. Una importante sucursal de ese perturbador y misterioso universo puede contemplarse desde hoy y hasta el 6 de enero en la Sala Kubo-Kutxa, que ha organizado la muestra H.R.Giger. Retrospectiva en colaboración con la Semana de Cine Fantástico y de Terror. Ni en sus mejores pesadillas habría soñado el certamen donostiarra con un prólogo tan deslumbrante a su vigésima edición, que arrancará el próximo día 31.
GIGER, ARTISTA La sala acoge más de un centenar de obras de Giger, algunas de las cuales, según advirtió ayer el propio artista en Donostia, no han sido exhibidas "ni siquiera" en su museo de Gruyeres (Suiza). El comisario de la muestra, Carlos Arena, confirmó que ésta es "la mayor" exposición sobre Giger realizada en España -hace dos años se organizó la primera en un recinto más pequeño de la Universidad de Valencia-. "Y probablemente también sea la exposición más importante de cuantas Europa ha dedicado a Giger en los últimos años", aventuró el comisario, para quien la cita de Donostia tiene un "punto reivindicativo".
Porque desde que el pintor y escultor suizo obtuvo el Oscar por el diseño de algunos decorados y de la terrorífica criatura de Alien. El octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), las galerías y la comunidad artística le dieron la espalda por considerar que su obra, volcada hacia el cine, tenía menor calidad. Por ello, Arenas sostuvo que una muestra en un espacio que suele albergar exposiciones de importantes creadores "justifica" y reconoce "su aportación al arte moderno". "Hasta ahora Giger ha sido poco reconocido en el arte institucional y muy admirado por la cultura popular", afirmó.
La exposición La completa retrospectiva, realizada con fondos del museo del artista y donaciones privadas, inicia su recorrido en la sala donde cuelgan sus Primeros trabajos (1961-1972), dibujos a tinta como Kopf I o Máquina paridora y varios óleos de la serie Passage. En ellos se entreven ya sus principales obsesiones: la superpoblación, la guerra, los desafíos científicos (clonación, manipulación genética, robótica) o la destrucción del medio ambiente, entre otras.
También están presentes en el segundo apartado, Pintura al Aerógrafo (1972-1980), una técnica que, según recordó, le permitió pintar superando las "barreras" de los métodos que empleaba antes, que eran "más lentos". El sistema, que permite un acabado fotorrealista, consiste en aplicar la pintura sobre la superficie con una pistola sin posarla directamente sobre la superficie, algo que Giger equipara a "disparar el arte". "Es como pintar con revólver", aseveró ayer.
En la visita guiada Arenas explicó que el artista empleó el aerógrafo para plasmar su mundo "sin ideas previas" en una suerte de "pintura automática", dejando que el azar fuera moldeando trabajos como Paisaje biomecánico, en el que huesos, cráneos, motores y metales mutan en híbridos humanos. También destacan sus cuadros poblados de bebés deformes, retratos inquietantes, escenas diabólicas y paisajes surrealistas deudores de su admirado Salvador Dalí.
El tercer apartado, quizá el que más interés suscitará, es el bautizado Diseños cinematográficos (1967-1985), que incluye varios diseños originales de Alien y la cabeza original del letal extraterrestre. También llama la atención una reproducción a escala real de la criatura que, encaramada en la pared, parece descender hacia el espectador. Además, se muestran la mesa y las seis sillas Harkonnen que diseñó para el fallido Dune que primero iba a dirigir Alejandro Jodorowsky y después Ridley Scott. Al final, lo hizo David Lynch, que no empleó el material de Giger y cosechó un gran fracaso de crítica y público.
La última parte, ubicada en la sala superior, es Pintura al Aerógrafo II (1980-1985), que aglutina los últimos trabajos que realizó antes de abandonar esa técnica y centrarse preferentemente en la escultura. En la actualidad, el artista sigue creando y vive entregado a la consolidación del museo que lleva su nombre.

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