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por paco marín guruceaga, * Físico - Jueves, 1 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 12:56h
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donosti es como es. Una ciudad lo suficientemente atractiva para que durante el verano vengan a visitarla decenas de amigos y amigas. Donostiarras de la diáspora y otros, simplemente afectos a sus múltiples encantos. Esas visitas propician agradabilísimas y livianas comidas y cenas en las que se habla de todo lo divino y humano acaecido a lo largo del año.
Puedo asegurar que quienes "tertuleamos" reunidos alrededor de una mesa somos padres y madres de familia -algunos abuelos- en su mayor parte profesionales con una dilatada trayectoria en diferentes sectores de la economía, de la industria, de la educación e incluso de la carrera diplomática. Gente aparentemente seria, vamos. Todos y todas muy al loro de la peculiar actualidad social y política que nos rodea. Y de diferentes ideologías: desde los que disfrutaban cada día escuchándole al defenestrado Jiménez Losantos y al entradito en carnes César Vidal, hasta quienes se embelesan contemplando los ojitos azules de ZP mientras le crece la nariz discurseando. Desde los que aplauden las soflamas antinacionalistas del ético Fernando Savater, hasta quienes esperan anhelantes las comparecencias públicas de Joseba Egibar.
En resumen: que, a poco que uno ponga el cerebrito propio a currar, esas frugales celebraciones gastronómicas se convierten en foros de aprendizaje y en ágoras de debate en los que reina, por encima de todo, el fair play. Por mucho que las opiniones de los participantes sean diametralmente antagónicas. (Entre paréntesis, pienso que el fair play no está condicionado por la educación recibida, que también. Se sustenta, sobre todo, en el afecto y la consideración mutua entre los y las discrepantes. Su amistad está muy por encima de sus opciones ideológicas).
Y como quien tiene la oportunidad de aprender de los que saben está obligado a transmitir lo aprehendido, no me resisto a hacerle partícipe a Vd., querido lector o lectora, de algunos de los comentarios, aseveraciones, opiniones y hechos probados vinculadas a la "res publica" que llegaron a mis entretelas en las referidas celebraciones veraniegas.
En lo que casi todos los variopintos asistentes coincidían era en el "lamentable" nivel intelectual y profesional de los políticos que padecemos. A nivel estatal, autonómico y local. Salvo contadísimas excepciones, no se salvaba ni el "tato".
Argumentaban que la mayor parte de los actuales teóricos servidores de la ciudadanía se habían incorporado desde jóvenes y "jóvenas" a las organizaciones juveniles de sus respectivos partidos, sin experiencia laboral "civil" y muchos de ellos conociendo exclusivamente los edificios universitarios a través de Google Earth, gracias a sus hijos, que no por haberlos pateado.
Gente que maneja presupuestos de infarto y a quienes eso de la "cuenta de resultados" les suena al Campeonato de Liga y la "TAE" a una marca de detergentes.
¿Se debe aceptar que máximos dirigentes de este país mientan a la cara sobre una crisis que no iba a existir?
A la partitocracia que soportamos con más paciencia que el santo Job habría que darle la vuelta como al calcetín
Gente a quien la sociedad civil le importa un bledo. Lo único que de verdad les preocupa es mantenerse en sus poltronas. Punto.
Gente a quien se les cae la baba hablando de la implantación del trilingüismo y sólo farfullan el castellano comunicándose por signos con el mandatario extranjero que se tercie. Salvo Chávez, Morales y pocos más.
Gente a la que cualquier empresario serio no contrataría, ni "jarto de grifa", para ocupar un puesto cuyo perfil profesional exigiera acreditar la responsabilidad de un alumno de primaria.
Algunos de los ocasionales contertulios más exaltados opinaban que lo que habría que hacer era mandarlos a todos y todas a la isla de Tasmania porque íbamos a vivir igual, pero menos agobiados por sus mediáticas guerras intestinas, cuyo único objetivo es mejorar la cantidad y calidad del pienso de sus nutridos pesebres.
Otros más sensatos se mesaban sus cabellos argumentando que tan disparatadas sugerencias atentaban contra el sagrado principio de la democracia, que según decían, era el menos malo de los regímenes políticos. Y añadían, preocupados, que los precedentes comentarios y sugerencias abocaban históricamente a la implantación de dictaduras, como la vivida por todos los y las presentes.
La respuesta de los primeros subió de tono, dentro de la cordialidad: "¿Creéis que se puede estar impasible ante la información, no desmentida, de que el Rey esté cobrando una comisión de todo el petróleo que se importa procedente de los países árabes en los que mangonean sus "primos"? ¿Pensáis que son de recibo los astronómicos sueldos, dietas y pensiones que percibe cualquier "desgarramantas" en el ejercicio de la actividad política? ¿Es admisible que España esté en el puesto 23 en el ranking internacional de la corrupción por debajo de Chile y de Hong Kong y al "ladito" de Barbados o Letonia? ¿Se debe aceptar que máximos dirigentes políticos de este país mientan a la cara hablando de una crisis que no iba a existir o diciendo que han pagado sus trajes a medida y no dimitan "ipso facto"? ¿Se puede tan siquiera proponer que mi nieta pueda abortar a los 14 años sin que sus padres se enteren? ¿Y qué me decís del nepotismo imperante? ¿Hay que aguantar que un conductor de autobuses de nuestra ciudad haya sido nombrado director de Euskalmet, con la mediación de su marido, antiguo concejal de movilidad y transportes del ayuntamiento y actual viceconsejero de Transportes y Obras Públicas del Gobierno Vasco? Mi postura será todo lo antidemocrática que os parezca, pero lo que pienso -y creo que no me paso un pelo- es que a la "partitocracia", que soportamos con más paciencia que la del santo Job, habría que darle la vuelta como a los calcetines. En su momento hubo una "transición" tutelada por quien todos sabemos. ¿No va siendo hora de rehacerla desde la radicalidad, empezando por el modelo de Estado y modificando el sistema electoral por otro de listas abiertas?".
El silencio generalizado fue roto por una de las comensales quien inteligentemente cambió de tercio aludiendo a la simpatía de la nieta aludida anteriormente.
La longitud de este artículo me impide incluir otros jugosos comentarios puestos encima de la mesa, de los que escribiré más adelante… si me dejan: el silencio cómplice, por subvencionado, de algunos sindicatos; la verdadera situación de la economía y su preocupante horizonte, que poco tiene que ver con lo que nos cuentan; la inadmisible tasa de paro; la actuación de las instituciones financieras, acongojadas por su propia supervivencia, ante la próxima devolución de los préstamos que formalizaron en su día en el extranjero; la Capitalidad Europea de la Cultura 2016, a la que se postula hasta el municipio de "Villaverde de Abajo"…Quisicosas para "tertulear" entre amigos, que pueden invitar al cabreo de algunos y a la reflexión de otros y otras. O así me lo parece.
Gracias por su comentario
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